La sociedad argentina suele ser histérica a la hora de abordar determinados temas. Aborto, diversidad, derechos de la concubina, violencia de género, derechos civiles de los gays, etc.

Ayer nomás estaban usando la justicia para anular un matrimonio gay por sentirse “agraviados” un grupo de abogados católicos en la Ciudad de Buenos Aires.

Hoy, otro abogado que es juez otorgó la guarda definitiva a una travesti de dos hermanitos que tenía en custodia.

“Nunca tuve problemas por mi condición sexual. Voy al colegio de los chicos, participo en las reuniones, todo es normal”. “Si vos tenés respeto hacia los demás ellos tendrán respeto hacia vos”.

Estas son las palabras de María Belén Ochoa la flamante mamá que tiene una actitud esperanzada hacia el futuro.

Yo no me puedo dar el lujo de pensar como ella.

Veo nubarrones de odio y homofobia en la sociedad argentina. Caprichosos sentimientos que no miden el daño que hacen a tantos seres humanos que sólo piden lo que ni deberían molestarse en pelear. Los mismos derechos que cualquier otro argentino.

Como siempre la ley falla pendularmente contribuyendo a la confusión general. En esta por lo menos se hizo justicia.

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