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Así lo comprobaron los investigadores de la Universidad de Valencia, en colaboración con la de Groningen, en los Países Bajos, después de medir los niveles de cortisol de 84 varones mientras intentaban resolver un sudoku en una sala donde se encontraban también un hombre y una mujer desconocidos.
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Los cambios en el clima global parecen no estar restringidos al ya famoso calentamiento. Un científico de la Univerisdad Autónoma de México (UNAM) anunció que durante los proximos 60 a 80 años el planeta experimetará algo que llama, con un ojo en el marketing, “mini era del hielo“. Leer el resto de esta entrada »

Los estudios sobre el Cannabis –casi como su consumo– oscilan entre la euforia y el bajón: al descubrimiento de un nuevo efecto benéfico le suele seguir la inmediata confirmación de alguna consecuencia adversa. Hoy es el turno de la parte negativa: la ciencia ha descubierto cómo el tetrahidrocannabinol (THC), sustancia activa en la marihuana, origina problemas de memoria en sus consumidores. Una vez más, los ratones de laboratorio tuvieron un involuntario rol en este avance, materializado en Barcelona y descripto en el último número de la prestigiosa revista Nature Neuroscience.

El proceso de memorización de conocimientos, valores y experiencias se divide en diferentes fases, según se consignó en el diario español El Mundo: “Primero nos exponemos a aquello que vamos a aprender: la capital de Burkina Faso (sic) o cómo se usa un cuchillo. Luego, en nuestro cerebro tiene lugar el proceso de consolidación, unas 24 horas después”. La segunda instancia es decisiva para que podamos recordar. El efecto deletéreo de los cannabinoides sobre la memoria se origina, justamente, en la interrupción de ese proceso. Es la conclusión más importante del estudio dirigido por Andrés Ozaita y Rafael Maldonado, de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona.

Los especialistas en neurofarmacología enseñaron a los ratones, modificados genéticamente, un par de ejercicios sencillos. Luego, como suele suceder en estos experimentos, los dividieron en dos grupos: drogados y no drogados. “Los animales a los que les administramos THC después de haber ‘aprendido’ una tarea –reveló Ozaita–, no lo recordaban un día después”. La exposición a esa sustancia había interferido en la consolidación de la memoria. “Aunque el efecto amnésico y los déficit de memoria que produce la marihuana no eran ningún secreto –reconoció–, no se conocían los mecanismos moleculares implicados, y es sobre lo que este estudio arroja ahora luz”.

La investigación demostró que en los efectos amnésicos de la marihuana interviene una vía de señalización intracelular. Ese mecanismo actúa en el hipocampo, la región cerebral asociada con el control de las respuestas cognitivas. Cuando los ratones recibían el cannabinoide, algunos de esos procesos estaban involucrados en la amnesia. Es así como Ozaita concluyó que, si se bloquearan las vías de señalización que el cannabinoide pone en marcha, se evitarían también sus efectos negativos sobre la memoria.

No es la primera vez que los científicos hablan del tema. En otro estudio publicado en el Journal of the American Medical Association, Nadia Solowij había confirmado que el consumo prolongado e intenso de Cannabis provoca una pérdida en la capacidad de aprendizaje, memorización y en la capacidad de fijar la atención. Menos terminantes, otros colegas prefirieron trazar una diferencia importante: la marihuana produce una ligera pérdida de la memoria a corto plazo, pero horas o días después se recuerda todo lo que se había borroneado entre la humareda verde.

Los médicos, por otra parte, también reconocen algunos efectos positivos: la marihuana puede aliviar enfermedades como el sida y el cáncer. Aprovechando uno de sus efectos secundarios más célebres, los pacientes tratados con quimioterapia dejan de sufrir vómitos y pueden recuperar el apetito. Además incrementa la sensibilidad gustativa, táctil y auditiva, con lo cual muchos alimentos parecen más dulces, el tejido tegumentario aumenta su sensibilidad y los sonidos se escuchan mejor. Algo que ya habían planteado Los Piojos, pero con un personaje pastillero: “Tengo los dedos súper sensitivos, tengo los
ojos de Darín…”.

Fuente:criticadigital.com

La situación en

Italia es alarmante, 26 localidades quedaron prácticamente destruidas por un terremoto que se cobró la vida de al menos 207 personas .

Se registraron unos 2.000 heridos y hay más de 100 mil evacuados. Sin embargo, toda esta situación se podría haber evitado si el Gobierno hubiese escuchado a un científico que predijo lo que iba a pasar.

El sismólogo Gianpaolo Giuliani anunció hace unos días que “hace dos meses en los Abruzzos hay fuertes temblores sísmicos y está por producirse un gran terremoto”.

Pero no sólo no le prestaron atención a sus advertencias, sino que lo trataron de “imbécil” y lo denunciaron ante la Justicia por querer “causar alarma” en la sociedad.

Como informa el diario Clarín, Silvio Berlusconi había dicho que “no se pueden prever los terremotos”, aunque, de haber escuchado a Giuliani, se podrían haber tomado ciertas medidas de prevención.

 

Quizás ha sido el experimento científico más tristemente célebre de las últimas décadas, porque mostró evidencias convincentes de que todos somos capaces de ejercer una gran maldad.

 

Ahora, 50 años después, científicos de Estados Unidos repitieron la llamada “prueba Stanley Milgram.

Y volvieron a llegar a la conclusión de que la gente sigue dispuesta a infligir dolor a los demás, si se lo pide una autoridad.

La prueba consistía en que los voluntarios debían aplicar lo que creían que eran dolorosas descargas eléctricas a otros voluntarios (que eran en realidad actores), cuando eran incitados por una figura de autoridad.

Los investigadores de la Universidad de Santa Clara, en California, encontraron que aún cuando los actores daban (falsos) gritos de dolor, el 70% de los participantes estaban dispuestos a aumentar el voltaje de las descargas.

Las tasas de obediencia de los participantes fueron ligeramente menores que las del experimento Stanley Milgram, dicen los autores en American Psychologist , la revista de la Asociación Psicológica Estadounidense.

¿Hemos aprendido?

“Al conocer el trabajo de Milgram, la gente a menudo se preguntan si hoy en día los resultados serían distintos”, explicó el doctor Jerry Burger, quien dirigió el nuevo experimento.

“Muchos creían que, después de las lecciones del Holocausto, ha habido una mayor conciencia social sobre los peligros de la obediencia ciega”.

 

“Pero lo que encontramos fue que los mismos factores situacionales que tuvieron un impacto en la obediencia en el experimento de Milgram, siguen operando hoy en día”, agregó el científico.

El experimento original, publicado en 1963, fue llevado a cabo por el profesor Stanley Milgram, de la Universidad de Yale.

El científico reclutó voluntarios para probar el efecto del castigo y el aprendizaje.

Para eso, se le hizo creer a los voluntarios (que tenían el papel de maestros) que estaban aplicando choques eléctricos cada vez más potentes a otra persona (que tenía el papel de alumno), ubicada en un cuarto separado.

También se les hizo creer que “un científico” era la figura de autoridad conduciendo el experimento, y éste debía incitar al “maestro” a que continuara aplicando descargas sobre el “alumno”.

En realidad, tanto el científico como el alumno eran actores y la supuesta máquina generadora de descargas eléctricas era falsa.

Stanley Milgram encontró que, después de escuchar los primeros gritos de dolor de los alumnos con una descarga de 150 voltios, el 82,5% de los “maestros” voluntarios continuó aplicando descargas.

De éstos, el 79% continuó con las descargas hasta el límite del generador, a 450 voltios.

El estudio, además, no encontró diferencias entre hombres y mujeres.

Consternados

En el nuevo experimento, llevado a cabo por el doctor Jerry Burger, 70% de los participantes estaban dispuestos a continuar con las descargas después de los 150 voltios, pero no se les permitió hacerlo.

Al parecer, los voluntarios del experimento original que se mostraron dispuestos a infligir dolor hasta el límite del generador eléctrico quedaron muy consternados tras la prueba.

“Casi cuatro de cada cinco participantes en la prueba Milgram que continuaron después de los 15 voltios llegaron hasta el límite del generador” explicó el doctor Burger.

“Debido a este patrón, al darnos cuenta de la reacción de los participantes al aplicar los 150 voltios, pudimos hacer una conjetura razonable de lo que hubieran hecho si hubieran continuado con el procedimiento”, agregó.

Las técnicas del profesor Milgram han sido muy debatidas desde que se publicó su investigación.

Como resultado, se han establecido códigos éticos para los psicólogos y medidas de control en las investigaciones experimentales para prevenir una duplicación exacta del experimento Milgram.

Y para que ésta fuera aprobada por las autoridades universitarias, Burger determinó que en su experimento 150 voltios sería el límite máximo que se aplicaría.

Obediencia ciega

De cualquier forma, la vasta mayoría de los 29 hombres y 41 mujeres que tomaron parte, se mostraron dispuestos a apretar el botón de descarga, sabiendo que causarían daño a otro ser humano.

 

Incluso cuando otro “científico” (actor) entraba al cuarto y cuestionaba lo que estaba ocurriendo, la mayoría estaba dispuesta a continuar.

Tal como explica el investigador, no es que algo estuviera “mal” con los voluntarios.

Simplemente, es que cuando se nos coloca bajo presión, los seres humanos a menudo hacemos cosas “perturbadoras”.

Los resultados del estudio, afirman los expertos, podrían explicar parcialmente por qué en tiempo de guerra y conflicto la gente está dispuesta a tomar parte en un genocidio.

Tal como señala el profesor Alan Elms, de la Universidad de California, en Davis, quien participó en el experimento Milgram en 1961, “el nuevo experimento fue “suavizado”, rebajando el límite de las descargas y por lo tanto las condiciones fueron menos estresantes”.

“Sin embargo, las conclusiones no son menos perturbadoras: el límite de crueldad de la humanidad, como todo lo demás, depende de las condiciones”, dice.

“Parecemos estar programados para cumplir órdenes -agrega- incluso si éstas dañan a los demás”.

“Y es claro que, a pesar de todos los espectáculos de horror de la humanidad en el pasado, todavía no logramos entender el mensaje”, expresa el científico.

Donde nace el odio en el cerebro - BBC

Se dice que hay una línea muy fina entre el odio y el amor y ahora una nueva investigación científica parece demostrarlo.
Científicos británicos descubrieron el mecanismo del cerebro humano que produce que odiemos a alguien.
Y la zona donde se inicia esta poderosa emoción está íntimamente relacionada al área cerebral donde se produce el amor, afirmó la investigación llevada a cabo en la Universidad de Londres.

El estudio -publicado en la revista de la Biblioteca Pública de Ciencia, PLoS One – analizó a varios voluntarios que miraran fotografías de alguien a quien odiaban.

Descubrieron que se activaban una serie de circuitos cerebrales en un área del cerebro que comparte ciertas estructuras asociadas al amor romántico.

Pasión “interesante”

“El odio a menudo es considerado una pasión malvada que debe ser reprimida, controlada y erradicada” explicó el profesor Semir Zeki, del Laboratorio Wellcome de Neurobiología de la Universidad de Londres y quien dirigió el estudio.

“Pero para los neurobiólogos el odio es una pasión tan interesante como el amor”.

“Porque igual que el amor, el odio a menudo parece ser irracional y puede conducir al individuo a conductas heroicas o malvadas. ¿Cómo es posible que dos sentimientos tan opuestos conduzcan al mismo comportamiento?”.

Esa es la pregunta que se planteó el profesor Zeki al iniciar este estudio, que es la continuación de otras investigaciones previas en su laboratorio sobre los mecanismos cerebrales del amor romántico y el amor maternal.

En el nuevo estudio Zeki y su equipo se concentraron específicamente en el odio que siente el ser humano hacia otro individuo.

En la investigación participaron 17 voluntarios, tanto hombres como mujeres, elegidos porque dijeron sentir profundo odio hacia otra persona.

Los científicos llevaron a cabo escáneres cerebrales mientras los participantes miraban tanto la fotografía de la persona odiada, como fotografías de rostros “neutrales” que les eran familiares.
“Cuando miraban el rostro de la persona odiada -señalaron los autores- se produjo actividad en zonas cerebrales que puede ser consideradas el “circuito del odio”.

Este circuito del odio incluye estructuras en la corteza y la subcorteza cerebral y tiene componentes que también se activan cuando se genera una conducta agresiva.

El cerebro funciona traduciendo estas señales de los circuitos cerebrales en acciones, como la planeación de movimientos del cuerpo.

Y el circuito del odio también está ubicado en una parte de la corteza frontal que se cree es muy importante en la predicción de las acciones de los demás.

Quizás, explican los científicos, esto es lo que nos hace actuar cuando nos enfrentamos a una persona odiada.

Odio crítico

Pero lo que más sorprendió a los investigadores fue descubrir que el circuito del odio también produce actividad en dos estructuras de la subcorteza cerebral: el putamen y la ínsula.
Según el profesor Zeki “es muy interesante que el putamen y la ínsula también se activan con el amor romántico”.

“Pero no es tan sorprendente considerando que el putamen también podría estar involucrado en actos agresivos en un contexto romántico, como en situaciones donde un rival presenta una amenaza”.

Los investigadores también descubrieron una diferencia importante en la actividad cortical que producen tanto el odio como el amor.

“Mientras que en el amor grandes partes de la corteza asociadas al juicio y razonamiento se desactivan, con el odio sólo se desactiva una pequeña zona”, explicaron los autores.

Los investigadores creen que esto es sorprendente si consideramos que el odio también es, como el amor, una pasión que nos consume totalmente.

Pero mientras que en el amor romántico el amante pocas veces es crítico o juzga a la persona amada, en el contexto del odio, el que odia utiliza su criterio y es calculador para hacer daño, herir o vengarse de la persona odiada.

Otra diferencia es que el amor romántico está dirigido a una sola persona, pero el odio puede ser experimentado contra varios individuos o grupos, como en el caso del odio racial, político o sexual.

El profesor Zaki y su equipo planean ahora centrar sus investigaciones en estas diferentes variedades del odio.

Fuente: BBC

 


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