¿Cuánto gana un diputado en Argentina?

Esta es una pregunta difícil de responder a pesar de que hay información “oficial” digital que emite la propia cámara sobre currículum, patrimonio, ingresos, etc. de los funcionarios.

El problema se suscita cuando se compara lo que dice la información digital con el nivel de vida de los funcionarios en “tiempo real” digamos.

Aquí transcribo el aporte de un bloguer que habla desde su propia experiencia. Esto no puede ser verificado de ninguna manera pero puede servir para hacernos una idea de algunos números a groso modo.

La sociedad argentina está cansada de escuchar de diferentes dirigentes políticos la convocatoria a una reforma política, la que nunca llega y es mero slogan de campaña. El Ministerio del Interior de la Nación posee más de 50 propuestas de reforma política, pero ninguna tuvo curso para comenzar el debate. La dirigencia política y los funcionarios públicos sólo expresan el deseo, pero en su interior no desean en lo más mínimo cambiar las reglas de juego.
Eliminar las listas sabanas de senadores y diputados nacionales es algo que se escucha mucho, pero no se hace nada. Es la forma de incluir a personajes indeseables, que jamás obtendrían más de un 1% de los votos válidos positivos en una elección. Que diferente sería el Congreso de la Nación si se implementara la lista de preferencias ó tachas. Cuántos quedarían fuera de la Cámara alta y baja. Y así ingresarían los más loables para ejercer ese honorable cargo público.
El voto electrónico. Un mero anhelo, que se realiza en forma de prueba en algunas localidades, pero nunca de forma masiva en el Territorio Nacional. Pues si se usara, bajaría considerablemente la compra de votos y aquellas urnas que “dibujan” resultados chistosos (0 votos partido X – 100 votos partido XA – total votos positivos 100). No es una útopia, se produce en localidades pequeñas… el último caso fue en algunos pueblos de la provincia de Córdoba, para la elección a gobernador en 2007.
Sueldos (dietas) de legisladores exorbitantes, que nada reflegan el salario promedio del ciudadano argentino. Un legislador de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, percibe una dieta mensual bruta de 8.500 pesos, promedio. Más una suma mensual superior a 20.000 pesos para gastos de personal. ¿Alguien puede pensar que de esos 20.000 pesos se destinan por completo a los bolsillos de sus empleados? No, por lo menos la mitad (10.000 pesos) se los queda el legislador para engrosar su dieta, que quizás le parezca escasa.
Y hablo con fundamentos, ya que conocí a la perfección el funcionamiento interno de la Cámara de Diputados bonaerense. No como legislador, sino como empleado.
¿Y qué se puede hacer? Pues peticionar ante las autoridades, pero más allá de eso informar a la sociedad de lo que cobran y gastan en personal… que son cifras escandalosas. El periodismo informa poco de ello, no quiero decir que no les interese, pero la voragine de otros temas tapa esta realidad. En Chile los sueldos de los legisladores son inferiores a los de sus pares argentinos, y no por ser un país más chico… sino porque no existe semejante nivel de corrupción. Aún poseen valores éticos y morales. En España se rinde cuenta de lo que percibe cada funcionario público, y aquel que trata de evadir con el tiempo esa informaión es mal visto por la sociedad. El derecho a la información ciudadana en otros países está institucionalizada. Acá, en Argentina, el regatear información pública es sinónimo de viveza.
Ojalá que algún día se pueda pedirles ciertas explicaciones básicas a nuestros funcionarios públicos y representantes del pueblo. Ojalá que un día la sociedad argentina despierte y desee saber más de sus empleados públicos de alto nivel, que ingresan con un patrominio económico y terminan mejor que cuando ingresaron.

Daniel Otero Urrutia

Tengo 34 años de edad. Soy Periodista con título terciario. Desde el año 1995 participé del ámbito político en un partido político, y luego como análista periodístico. Conozco a fondo el tema agropecuario y ganadero, ya que provengo de una familia de campo.

Fuente:

Idealist.Org

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