¿Cuánto ganan los que cantan en los trenes?

Carlos Israel Sosa tiene 25 años y hace 3 que, subido al ferrocarril de la ex línea Mitre – ramal José C. Paz –, lleva todos los días su mensaje de denuncia social a través de las letras de Hip Hop que compone.
Nacido en José C. Paz, se crió en un barrio humilde de trabajadores. “Mi abuelo era panadero y mi viejo continuó en el oficio, pero después siguió con otras ideas. Trabajó en política, y llegó a psicólogo social estudiando en la Universidad de las Madres”, cuenta Israel sobre su familia.
Hoy, este poeta urbano vive en General Rodríguez. Está casado y tiene dos hijos: Pablo, de 3 años, y Jennifer, de 1. Pero antes de llegar a la vida que deseaba tuvo que conocer su lado amargo.
Fue la relación con su padre la que marcó su infancia. “Me acuerdo de viajar con mi viejo por los barrios de José C. Paz, con muchos pinos, álamos y eucaliptos, y él me daba consejos mientras me hacía caballito”, recuerda. “Hoy repito eso con mi hijo, cuando pasamos por lugares verdes”.
Al mismo tiempo, este vínculo tan especial le hizo pasar por experiencias agridulces. “Estuve 10 años sin mi viejo: se separó de mi mamá cuando yo tenía 12, y no lo vi más hasta los 22. Había un tema de violencia familiar en el medio”, relata el rapero. “Pero lo valoro y lo quiero mucho, porque empezó a estudiar, a leer un montón, y pudo cambiar. Ahora que lo recuperé, me emociono cada vez que hablamos”.

¿Vos te sentís marginado?
No, no lo siento. Que me quieran marginar es otra cosa. Pienso que califico y estoy capacitado para funcionar en el sistema: tengo fuerza, juventud y familia. Yo también me recuperé a mí mismo.

¿Eras adicto?
Fui adicto. Tuve experiencias con la marihuana, el alcohol, la cocaína, las pastillas…desde los 13 hasta los 19 años. Coincidió con la partida de mi viejo. Soy recuperado hace 5 años, antes de conocer a mi esposa, y estoy comprometido con la causa, porque decidí llevar la bandera de la libertad y que haya un ejército que me escuche.

¿En qué consiste tu poesía?
Trato de llevar una poesía social y profunda. Tiene mucho que ver con la esperanza, con el gemido de la justicia. Estamos viviendo tiempos muy delicados, sobre todo en el Conurbano: inseguridad, violencia, marginalidad, pobreza. Si caminás ves todo eso. Y me siento muy bien al poder colaborar con esta causa llegando al corazón de la gente.

¿Cuál es esa “causa” a la que te referís?
La gente está cansada de que le fallen, de la mentira, de los medios de comunicación, de la estafa, de la corrupción. De la realidad misma. Y necesita un mensaje diferente, de justicia social, que sea constructivo y positivo. Yo hablo de valores que están instalados en el barrio, entre la gente que se gana el pan día a día. Ellos son mi inspiración, puedo sostener a mi familia y a mi vida por medio de ellos. Mi mensaje no es una utopía, es posible creer que podemos ganarnos una vida mejor.

Dejemos lo espiritual y hablemos de lo material. ¿Cuánto se gana en un vagón?
Dependiendo del vagón, se puede ganar desde 50 centavos hasta 20 pesos. En promedio, ganás 3 o 4 pesos. Podés tener un sueldo digno. En Quilmes, trabajando 8 horas ganaba 60 pesos por día, y ahora me llevo 100 por 6 horas.

¿Qué artistas de tu género admirás?
Me gusta mucho Keny Arkana. Es una rapera que nació en Salta y se crió en Francia, y ahora vive y triunfa allá. Me encanta el contenido social de sus letras. Y de acá, aunque mucho de esto no hay, me gusta el Sindicato Argentino del Hip Hop. También Mustafá, que ha venido a mi casa, es un rapero respetable.

¿Qué tiene que tener un rapero para ser bueno?
Letra social, comprometida y, por sobre todo, talento. La gente te mide por el talento. Si no tenés, por más que quieras decir algo, va a ser difícil. Con talento y un buen contenido todo marcha.Fuente:conurbano24

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