¿Es posible redistribuir el ingreso?

En la actualidad, la línea de pobreza para la “familia tipo”, según el Indec, está en $ 950, y la de indigencia, en $ 460, aunque estimaciones privadas las colocan en $ 1.200 y 580, respectivamente. Por lo tanto, y más en un contexto de inflación creciente, se necesitan planes sociales directos, para ayudar a quienes no pueden acceder a un nivel de vida medianamente digno.

El Ministerio de Desarrollo Social de la Nación tiene dos planes de “ayuda”: el Jefes y Jefas de Hogar, y el Familias. Los que reciben el primero cobran $ 150 por mes, y los que reciben el segundo, en su gran mayoría mujeres con hijos, tienen una asignación que va de los $ 155 a los $ 305, según los chicos que tengan a cargo. “Los valores de los planes no se actualizan, y la inflación está licuando ese dinero”, opina Pilar Arcidiácono, del Centro de Estudios Legales.

Cada mes que pasa, el aumento de los precios empuja hacia abajo a quienes reciben ingresos fijos, y eso se agrava doblemente para los destinatarios de planes sociales: por un lado, por el propio congelamiento, que se mantiene desde 2002 para el Jefes y Jefas y desde 2005 para el Familias. Por el otro, porque, como toda persona que sufre la pobreza gasta la mayor parte de su plata en comida, por lo que cada peso de aumento en alimentos incide mucho más en los pobres.

A contramano de cierto imaginario social, los planes sociales no solamente distribuyen cantidades mínimas de dinero, sino que están acotados. Desde 2002, no se aceptan altas de nuevos beneficiarios. Por ejemplo, una persona que fue empujada hacia la pobreza después de mayo de ese año, no cobra ningún plan ni seguro de desempleo, salvo que haya trabajado “en blanco”.

Incrementar ya los montos, establecer estrategias reales de redistribución del ingreso, mayor inversión estatal en salud, educación y viviendas populares, planes culturales, y mejor acceso a la justicia y a la seguridad”. ¿Seguridad? No suele ser un tema muy ponderado por analistas. Salvia afirma que “que le roben el sueldo a un pobre impacta mucho más en su economía que a alguien de clase media, aunque sea el mismo tipo de delito. Los pobres sufren mucho más a la delincuencia.”

Carpio enfatiza la necesidad de ir hacia planes universales, no focalizados, aunque advierte que “hay una dinámica generadora de pobreza que es difícil combatir únicamente con planes sociales, que, en realidad, son ambulancias”. En ese sentido, reivindica las intenciones anunciadas por la presidenta en su discurso del 9.

Por su parte, Arcidiácono, propone “un ingreso económico por cada chico que haya en cada familia. Claro que debería estar acompañado de una reestructuración del sistema impositivo, para que quienes más tienen, más aporten

Fuente:http://weblogs.clarin.com/plaza-publica/archives/2008/06/es_posible_redistribuir_el_ingreso.html

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