¿Voto en blanco o no voto?

Toni propone como alternativas el voto en blanco o el voto de castigo a la oposición. Perfectamente válidas pero no más legítimas o democráticamente nobles que la abstención. Respecto a la primera, cuando no me gusta un restaurante yo no voy, me siento y pido un vaso de agua diciendo que no comeré nada porque cocinan fatal. Me voy a otro sitio o me quedo en casa. Respecto al voto a la oposición, yo preguntaría: ¿qué oposición?

Aunque esta respuesta es muy certera, me gustaría desarrollarla un poco más.

Trubies insiste en que “si no está conforme con algo y deseas que cambie la situación, debes actuar con el compromiso ciudadano de acudir a las urnas”. Añade que la abstención, aunque legítima, “contribuye más bien poco o nada a cambiar el panorama”.

Hay varios problemas con esta tesis:

  1. Su argumento a favor del voto es un simple aserto. No demuestra que si no estás conforme con algo y deseas cambiarlo la forma de hacerlo, la más ética y/o la más práctica, sea acudir a las urnas. Asumiendo que existe un compromiso ciudadano o cívico de acudir a las urnas se ahorra la explicación de qué es lo que justifica este compromiso.
  2. Algunos liberales, de esos que no creemos que el Estado (democrático o no) tenga derecho a interferir en nuestras vidas privadas y negocios, pensamos que la democracia es un sistema perverso por el cual la mayoría intenta imponer sus preferencias a los demás. La alternativa al sistema democrático no es, desde luego, la dictadura. La alternativa es reducir el ámbito de decisión política, el ámbito que cae bajo jurisdicción estatal (democrática o dictatorial), y aumentar el ámbito de decisión personal. En otras palabras, que en lugar de que sea un gobierno democrático el que administre más de un tercio de nuestra renta confiscándola vía impuestos, que suprima o reduzca los impuestos y deje que nosotros mismos la gestionemos como buenamente queramos. En consecuencia, algunos liberales no queremos participar en esta maquinaria extorsionadora y preferimos abstenernos para señalizar que no nos oponemos solo al partido en el gobierno, o a los partidos del establishment, sino el sistema en su conjunto. No en vano a veces se utiliza una versión modificada del eslogan para criticar a los que votan y participan en el sistema: “si votas, no te quejes“.
  3. Puede que votar contribuya poco a cambiar las cosas, pero con frecuencia votar contribuye menos, sobre todo si lo que se quiere (véase el punto anterior) es hacer cambios fundamentales, reemplazar el sistema, y no mejorar o cambiar políticas concretas. Máxime cuando, como recalca Barcepundit, no hay una oposición real, los programas de los partidos no difieren en lo esencial y todos juegan en el mismo bando, el bando intervencionista. En un contexto así la mejor forma de señalizar oposición al sistema y restarle legitimidad es absteniéndose.

En síntesis, no vale afirmar que la abstención no contribuye a cambiar las cosas mientras que el voto sí lo hace. Depende de cuánto quiera uno cambiar las cosas.

Fuente:elblogdealbertesplugas.com

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