¿Y si el fracaso escolar fuera una manera disfrazada de éxito?

El estudiante que fracasa cuestiona por su comportamiento, el mundo al cual él pertenece y lo interroga sin saberlo, “¿Para qué sirve todo esto?” (los estudios, la responsabilidad, los compromisos, la vida social…). Él no dice “Yo no quiero saber” o “Yo no puedo”, dice sobretodo “Yo no se porque saber o porque tengo que saber”.

Su cuestionamiento se dirige a sus padres, su cultura étnica, (racial?) o política, su institución escolar o a la sociedad en su conjunto.

Él no dialoga con la pregunta, la cual queda abierta.

La pregunta del estudiante que fracasa es una pregunta sin cuestionamiento, como si fuera un diálogo que todavía en realidad no es tal, como una respuesta antes de tiempo y del momento de la respuesta.

Nosotros todos estamos frente a esta problemática del fracaso escolar enfrentando un desafío que aun no es tal.

Para que el desafío se convierta verdaderamente en un desafío, imaginemos un puente que relacionaría al estudiante en cuestión con las personas para quien el problema es un problema. En esta perspectiva es aleatorio (o poco útil) imaginar normas generales, que puedan ser aplicadas a cada situación particular.

No solamente no hay solución, sino que el fracaso en si mismo ya es una solución. En efecto la respuesta ha sido “construida” antes que la pregunta y la solución antes que el problema.

El estudiante que fracasa querría comprender el sentido un mundo que le resulta extranjero viviendo simultáneamente en relación a si mismo una situación extraña y desconocida, frente a la cual se siente impotente (pero conserva potencialmente las claves de la potencia) y todo poderoso al mismo tiempo.

El desafío parece ser tal para la persona que fracasa pero en realidad lo es sobretodo, o lo es particularmente para las personas que están involucradas (la familia, la escuela, los psicólogos, los psicoterapeutas, los jueces, las autoridades políticas).

El desafío podría ser estudiado como un desafío si uno deja de lado la noción de responsabilidad y uno se interesa al lugar que ocupa y a los juegos que creamos en una sociedad posible. La noción de desafío debe ser estudiada bajo la óptica de nuestra concepción de nosotros mismos. Nosotros podemos pertenecernos o no, y esta definición consciencia, sentido o visión de nosotros mismos, en una sociedad dada, determinará el tipo de juegos posibles.

Lee la nota completa en:

http://www.redsistemica.com.ar/fracasoescolar.htm

Roberto Butinof

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