“Prohibir la marihuana es como prohibir el té de boldo”

Es la princesa del reggae latinoamericano, según los amantes del género. Su Myspace, donde difunde su música por Internet, es el más visitado de la Argentina. Pero Alika, la ex cantante de Actitud María Marta, no busca convertirse en una cantante de hits veraniegos, “palmerescos”: prefiere recorrer el camino de la independencia artística. Sus dreadlocks, es decir sus “rastas”, van más allá de lo estético. Son una parte de su adhesión al movimiento rastafari, cuyo referente más conocido fue el legendario Bob Marley.

–¿Cómo se expresa la Babilonia de la que siempre hablan los rastafaris en nuestra realidad?

–Babilonia es la corrupción en la política. Yo lo digo en una canción, cuando hablo de Babilón no estoy hablando de algo místico sino de lo que oprime a la gente: el fascismo, el imperialismo, el colonialismo.

–¿La Argentina es un país racista?

–Con todo. La historia viene mal. Hubo genocidio. Sarmiento decía “Acá somos todos europeos y no hay negros ni indígenas”. Y eso todavía está en la cabeza de la gente, pese a que tenemos un legado cultural importante de pueblos originarios y de gente africana en la música, en palabras: tango, candombe, mondongo, mucama, tanga.

–¿Qué opina de la prohibición de la marihuana?

–Es totalmente ridículo. La marihuana es una planta. Es como si prohibiesen el té de boldo, es lo mismo. Hay mucha prohibición de la marihuana pero paco encontrás en todos lados. ¿Qué está pasando que el gobierno está llevando paco a los barrios? Las únicas personas que están luchando contra eso son las mamás en los barrios, pero no alcanza. Va a haber toda una generación de pibitos que van a quedar refantasmas.

Alika habla en un bar de San Martín, tomando agua, mientras su hija disfruta del pelotero. No quiere revelar su edad, aunque confiesa que en uno de los libros de Ludovica Squirru aparece el año de su nacimiento. Junto a su banda, la Nueva Alianza, acaba de sacar el disco Educate yourself (“Educate a vos mismo”), donde combina lo más novedoso del reggae con sus letras de denuncia.

–¿Qué significa educarse a uno mismo?

–Es un incentivo para que todos los chicos sigan estudiando. Hay mucha gente en los países del Tercer Mundo que no tiene los medios para pagarse un profesor. El que puede, que vaya al colegio. Pero hay otras maneras de aprender cosas: podés leer, buscar tus propios recursos. Nosotros, en este camino de la música, tuvimos que aprender muchas cosas para hacer el trabajo por nuestra cuenta. A producir, a “managerear” nuestra banda.

–¿Cómo se lleva con el show business?

–El mundo de la música es medio Pomelo, como el personaje de Capusotto.

–Capusotto todavía no hizo un rasta…

–Ya lo va a hacer. Le está pegando un descanso a unos cuantos. Muchos empiezan a tocar por algo, pero después la liman. Los llevan al hotel de cinco estrellas, les llevan dos o tres cosas para tomar, les ponen un billete y se olvidan por qué empezaron a tocar. Se olvidan de todo, en realidad.

–¿Cómo es su relación con el público?

–No es de estrella, aunque la gente me pide autógrafos. Una chica en México me dijo “a mi hija le puse Alika”. A mí me gusta quedarme después de los recitales y ver de dónde vienen: me tiran “de Morón, Ciudad Evita, Villegas”. No soy una estrella y pagan la entrada para mirarme… es compartir. Yo empecé en una multinacional, con Actitud. Ahí vi lo auténtico: si tenés este tipo de mensaje y de idea, no podés estar en una multinacional. El trabajo es mucho más difícil, pero te va a dar muchas más satisfacciones.

–¿Por qué lo más difundido es el reggae pasatista?

–Los medios agarran un tema de estilo “palmeresco” y lo ponen como tema del verano. Lo nuestro es reggae consciente, no canción romántica ni de las que dicen que está todo bien.

Fuente: elargentino


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