A REY MUERTO, BAH REINA

El jardín de la casa en la calle 5 del Villa Golf, sigue tan prolijo como cuando lo cuidaba Nora Dalmasso. Cada tarde, después de la pausa obligada de la siesta riocuartense, es la propia mano de Marcelo Macarrón (48) la que enciende y apaga los regadores antes de volver a sus consultas de traumatología.

Son sus propios vecinos quienes, a pesar de las desmentidas oficiales, luchan por morderse la lengua antes de contar –al fin– que sobre ese mismo césped por el que pudo haber caminado el asesino de Nora la noche del 25 de noviembre del 2006, se tiende al sol, durante las tardes de algún que otro fin de semana, una nueva mujer. Una con la que – llegó a murmurarse en el barrio más incandescente de Río Cuarto– se habría casado en Punta del Este y habría compartido románticas caminatas bajo el sol de La Brava, a pocos metros del hotel Conrad.

Menos pudorosa que la decoradora de vitraux Alicia Cid, que el propio Macarrón se negó a reconocer como “relación extramatrimonial” aunque ambos hubieran reconocido en la propia causa judicial que se conocían y habían mantenido relaciones sexuales desde al menos tres años antes de la muerte de Dalmasso –relación que reflotaron durante algunas pocas semanas cinco meses después del crimen–, María Pía Cardoso (35), la nueva amiga de Macarrón, suele, en cambio, jactarse de su “affaire” en público, y los cuidadosos preparativos de sus cenas románticas “con Marcelo” –que ella misma menciona–, son el principal alimento balanceado de los vecinos más lenguaraces del Villa Golf Club.

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