Ahora sí!La verdad sobre el vuelo de Aerolíneas Argentinas K

El periodista José Benegas viajaba en el polémico vuelo del domingo de Aerolíneas Argentinas. Salvo que este sea un intrincado intento golpista del periodista podríamos asumir que cuenta la verdad. Y es esta:

“Vuelo de la aerolínea de la banderita de Jujuy a Buenos Aires del domingo 1 de noviembre: la misma compañía que llenaba de orgullo a la señora Kirchner, en la que había viajado primera vez en primera clase (quién no recuerda su primer viaje en primera clase). El plan de la compañía que fue “recuperada” por el Estado por su manejo deficiente sufre su primer percance, una escala no prevista en Córdoba. La razón era, según los empleados de la banderita, el calor. 41 grados en Jujuy y un nuevo obstáculo para la aeronavegación, una temperatura que se vive todos los veranos en la mayor parte del territorio del país, pero que parece que en la Argentina obliga a los aviones, agobiados tal vez o deshidratados, a bajar un rato, a lo mejor para ponerse a la sombra. Y no solo eso, parece que también necesitan más combustible que sólo pueden cargar en Córdoba, lo cual refuerza la hipótesis de la deshidratación. Será que nosotros tomamos agua para el calor, pero los aviones necesitan nafta, todo muy lógico”

“El segundo problema es el sobrepeso. Obligan a todos los pasajeros a despachar sus equipajes de mano, porque parece que esos mismos equipajes de mano que llevamos en cualquier avión de cualquier otra compañía, son muy pesados y si se desplazan le pueden caer en la cabeza a algún pasajero (o pasajera). Y Aerolíneas Argentinas nos cuida mucho más. A un pasajero lo tranquilizan, le dicen que saque todos los elementos de valor y que no se preocupe porque “en general” las valijas no se abren en los vuelos que van del interior hacia Buenos Aires, sino en los que salen desde Aeroparque. El pasajero prefiere que lo tranquilicen en particular, pero debe conformarse con esta generalidad”

“El Aeropuerto Argentina 2000 de Jujuy, con los 41 grados no tiene aire acondicionado. Las ventanas no se abren en el bar del primer piso, porque si no los pasajeros harían cualquier cosa, como abrir la ventana para respirar. No hay que alterar los planes en los lugares estatales o cuasi estatales, arreglarse con el único ventilador en el aeropuerto. Eurnekián estará sufriendo los efectos de la crisis, promete que en algún momento habrá aire acondicionado, un poco de paciencia”.

“Llaman a varios pasajeros desde el mostrador de la banderita. “Señores necesitamos que se bajen, tenemos sobrepeso”. Nadie se quiere viajar del avión que por el peso y el calor iba a hacer una escala no prevista en Córdoba, lo que parecía suficiente ya como pedido de colaboración, sumado a los 41 grados sin aire del señor Eurnekian. Sube un empleado de la banderita al preembarque. “Hasta que no aparezcan 5 voluntarios el avión no sale”. Recuerdos del colegio secundario cuando el celador amenazaba con amonestaciones generales si no aparecía el que le había tirado una tiza a la profesora de geografía. Nadie había tirado tiza alguna en este caso, habían pagado un pasaje caro. Que se bajen los que votaron a los Kirchner sugirió alguien”.

“Un segundo enviado intenta por un camino más diplomático y explica que hay problemas con el ….. (una sigla, algo así como el HDP, pero no hablaba de nadie del gobierno sino de alguna sustancia, condición, medición que obligaba a bajar a cinco pasajeros). Al que se bajara le pagarían hotel, estadía, faltaba más. Surgió algún voluntario, el listado se completó con dos viajeros a Comodoro Rivadavia a condición de que les extendieran un certificado para poder explicar que perderían dos días de trabajo. “Argentina, Argentina” grita un viajero, otro responde “Maradona, Maradona”. Comienza el embarque. Suban por la puerta trasera, le dicen a la mitad de los pasajeros. En el medio del calor que impide a los aviones argentinos volar sin escalas se dan cuenta de que la puerta trasera está cerrada. Toc toc. Nadie responde. Al fin un maletero se acerca y logra abrirla”.

“El aireador individual no funciona. El apoya brazos está roto. Entre tanta ofuscación un pasajero olvida de ponerse el cinturón de seguridad. Nadie lo controla y el avión despega. Una gaseosa y una barrita de cereal. La Aerolínea de bandera supone, con razón en muchos casos, que los pasajeros habían comido de más en el fin de semana. Aterrizaje en Córdoba. Algunos pasajeros tienen conexiones con otros vuelos, tal vez los pierdan. Aerolíneas no se comunica con otras compañías”.

“Pasajeros desconfiados suponen que todo fue un engaño para subir a algún acomodado en Córdoba o para bajar a otro, se ponen alertas. Pensar mal no puede fallar con semejante banderita pegada al avión, empieza un embarque de gente que sube a un avión con sobrepeso. Algunos reaccionan, se producen intercambios de insultos. Un agente de la banderita amenaza con llamar a la Policía Aeronáutica. Los pasajeros irían en cana y no los responsables de la compañía. Otros se paran y dicen que en ese caso se tendrían que llevar a mucha gente. Los agentes de la banderita ceden, no sube nadie. El avión parte. Ni una gaseosa, ni una barrita de cereal. El aterrizaje se anuncia cinco minutos antes. “Esperamos que vuelvan a volar con nosotros”. Siempre que el HDP lo permita, claro”.

Fuente:perfil.com


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