“Alquilan” sus cuerpos para experimentos

El año pasado, 45000 personas se ofrecieron como voluntarias para probar medicamentos y tratamientos. ¿Qué ganan y cuáles son los riesgos de ser un Conejillo de Indias?

“Embarcarse en una situación que circunstancialmente puede terminar con mi buena salud, ¿es negocio?”, se planteaba Vicente, un anónimo que caminaba por el pasillo de un hospital del Conurbano mientras su vida quedaba, una vez más, en las manos de los profesionales. Sólo que en ese momento, sus probabilidades de morir en el consultorio eran pura y exclusivamente a voluntad. Se había auto-donado para la ciencia.

Los ensayos clínicos, (en criollo, “los testeos de fármacos a voluntad”), según indica el reconocido portal MedlinePlus, son los estudios de investigación donde se prueba el funcionamiento de los nuevos enfoques clínicos en las personas. O sea que, “cada estudio responde preguntas científicas e intenta encontrar mejores formas de prevenir, explorar, diagnosticar o tratar una enfermedad”. Y pertenecen a la segunda instancia por las que una droga transita en su vida.

Ser utilizado como un Conejillo de la Indias para la ciencia en Argentina, puede costar caro. “En los hospitales públicos esta actividad no se paga”, indicó a 24CON el jefe de infectología del Posadas y ex presidente de la Sociedad Argentina de Infectología, Héctor Laplumé. Recientemente, dicho nosocomio procesó una investigación que duró seis años y acaparó a decenas de voluntarios “en tres fases distintas con fármacos antirretrovirales (contra el VIH)”.

En Europa, las mismas pruebas que en Argentina tienen un valor por lucro cesante fijo (y no como un pago por la prueba), pueden alcanzar un pago al paciente de entre 600 y 1100 euros mensuales, según la complejidad del tratamiento, los días que dure y la incidencia que éste genere en la salud. Que dicho sea de paso, puede ser mortal.

“El cálculo que se hace en nuestro país es un promedio con el sueldo medio que establezca la Ley, aproximadamente”, aclaró el director de la unidad de investigación clínica del Hospital Universitario Austral (HUA), Celso Arabetti. Podría calcularse lo siguiente: de un salario mínimo, establecido en los $1500, la jornada laborar tendría un monto de $75 y de ahí saldría la paga por lucro cesante. Esto desprende un resultado de unos 295 euros si un paciente “trabaja” todo el mes como tester de medicamentos. Pero igualmente agregó que, “el dinero es un beneficio, no un estímulo”.

¿Entrarías en un terreno “mortal” a cambio del avance científico?

La investigación, expone Laplumé, consta de cuatro fases: la primera es la prueba de la droga en animales; la segunda es en individuos sanos (que en Europa tiene publicidad estilo clasificados pero en Argentina está mal vista), donde se hace la farmacodinamia de la droga; la tercera se utiliza en pacientes con patologías (aquí se cubren los gastos de traslado); y la cuarta es en grandes poblaciones (con cero pesos resarcitorios de por medio), momento en el cual se hace un seguimiento a largo plazo de los resultados. Previo a todo esto, se firman los papeles correspondientes al consentimiento informado, en caso de que algo salga mal o haya complicaciones “hay un seguro que cubre todo”, dijo el especialista.

Dentro de la fase dos, cuando la droga ya es un tema humano, donarse para la prueba-error se convierte en una cuestión más ética que efectiva, porque el estudio también puede fallar. “Una vez que se comprueba que el paciente cumple con los requerimientos (mediante análisis, etc), se le explican los riesgos que corre y los beneficios. Queda en cada uno el por qué de hacerlo, ya que un resultado positivo puede dar grandes frutos y uno negativo podría generar lesiones permanentes e incluso la muerte”, expuso Arabetti.

Y aclaró que para proceder a una investigación de este tipo, el proyecto tiene que estar avalado por los comités de ética y por el Estado (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica y los ministerios provinciales, según corresponda). “La investigación clínica es extremadamente controlada con asistencia médica constante para salvaguardar la salud del paciente en todo momento”, dijo el profesional.
Según la lista Fortune 500 de las empresas que más dinero mueven en el planeta, los laboratorios de medicamentos y cosméticos no sólo obtienen más ganancias que la industria automotriz y del petróleo, sino que esta rentabilidad se ha multiplicado en los últimos años hasta superar por ocho veces el promedio de ganancias de las demás industrias. Aun así, los ensayos clínicos –el primer paso de este negocio– son casi desconocidos en la mayor parte de Europa. Así lo plasmó el periodista Leandro Faccio en 2006 en un artículo donde “vendió su cuerpo para la ciencia”.

La Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEME) publica que, en 2008, cerca de 45.000 argentinos prestaron su cuerpo a los laboratorios. Diez años atrás, este número ascendía a 10.000. “La investigación en sí misma tarda más o menos 12 años desde el comienzo en el laboratorio hasta que el producto está en la calle, y se gastan entre 500 y 1000 millones de dólares”, reveló el director de la unidad de investigación clínica del Hospital Universitario Austral. En este lugar, actualmente se trabaja en varios tratamientos de “grandes quemados, quemaduras oculares y enfermedades neurológicas”.

Según CAEME, el 19% de los protocolos de investigación corresponde a pruebas de tratamientos oncológicos, un 16% a nuevas drogas para el sistema nervioso y un 13% a fármacos para afecciones cardiovasculares.

Todo puede fallar

El investigador del HUA, dejó en claro que ser un conejillo de indias no es un trámite inocuo: “La investigación clínica es extremadamente segura pero es investigación en sí, puede fallar”.

Fuente:conurbano24

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