Asesinos por naturaleza

Tengo la extraña suerte o el fantástico récord (para los paranoicos que sólo piensan en quien los sigue por la calle) de no haber sido apuntado jamás con un revolver o un cuchillo. Mis vecinos hablan de la inseguridad, pero nadie los mató, no conozco a nadie muerto en un robo, lo cual no implica que no existan.
No vi la cara de esos asesinos, algunos ladronzuelos, si. Los barrios que limitan con el mio, sin embargo, son bien pesaditos. Villa Ercilia y Villa del Oeste ostentan laberintos interminables, pasajes que asustan, calles apenas alumbradas. Mucho barro y cuneta por ahí. Se habla de los delincuentes, se los nombra, a veces se los señala. Yo no los vi matando y ni siquiera, intentando matar.
Conozco la historia de uno que fue asesinado por otro, clavado en el medio del pecho. Una historia épica, un domingo a la siesta en una canchita de fútbol cerca de mi casa. Yo jugaba con esos tipos, después se perdieron por el alcohol y la innegable marginación. La historia es relatada, yo no la viví. Insisto en que no vi jamás a un delincuente de estos queriendo matar a un “inocente”.
Sin embargo, cada mañana, cada tarde, cada noche, cada día de mi vida veo unos asesinos en potencia, unos asesinos que cuentan con la inestimable tranquilidad que da la impunidad.
Los tipos que van en 4×4 hablando por celular son unos asesinos. Esos matarían y dejarían tirada a la víctima y después armarían una historia que los dejaría libres, porque cuentan con “conectes” en la policía, en la justicia o en el gobierno. Adornan una escena y siguen hablando por celular a 100 Km. por hora. Y cuando uno les dice algo, se te cagan de risa en la cara. Exactamente como ellos dicen que los “pibes chorros” se comportan con su “clase”. Lo dije en potencial, pero hay miles de estos asesinos. Uno les ve la cara y nadie, ni siquiera el Rabino y el Cura, que podrían pedir la legalidad del matrimonio entre religiosos, se organizan una marchita o un estúpido minuto de silencio.
Hay asesinos que cruzan en rojo todos los semáforos. Tienen autos importados y los vidrios muy polarizados. Adentro suenan carcajadas y la musiquita de moda. Hay muchos de estos asesinos. Cada vez que agarro mi bici playera super K, corro el riesgo de ser carne molida. También les podés ver la cara, son tipos conocidos por acá. En los pueblos chicos todos nos conocemos. Pero no se por qué, se impuso la idea de que los asesinos tienen la piel negra y entre ellos se llaman “nieri”.
Hay padres asesinos que les compran a sus hijos adolescentes un cuatriciclo y se cagan de risa con sus “anécdotas”. A veces, los “nenes” matan una mujer embarazada o un viejo hecho trapos, que tienen poca reacción. Entonces rajan a su casa y le cuentan a papá, que con dos o tres llamadas, arregla el “bolonqui”.
Otros nenes de papá se juntan en banditas y matan al primero que se les ocurre.
Hay padres asesinos que matan a sus propios hijos. Le prestan la moto, el auto o la escopeta, y cuando el pibe se mete un tiro en la boca, jugando, se preguntan: “¿como pudo haber pasado?”. Todos conocen a estos asesinos potenciales, yo les veo la cara, son muy cancheritos. Pero la sociedad usa eufemismos y los llama “padres irresponsables”.
La gente “trabajadora”, que sufre un hecho de violencia, un asesinato, cae en el lugar común de argumentar que “paga sus impuestos y los matan”, e identifica a los asesinos como esos “vagos que el gobierno consiente, esos que reciben un plan en vez de ir a trabajar”.

Yo vi muchos asesinos, y todos van en brillantes camionetas y autos. Si, esos mismos que dicen que “trabajan y pagan sus impuestos” (mentira, no pagan un carajo) y sin embargo, “los matan los chorros negros de la villa”. No se de que se jactan, son unos reverendos hijos de puta y más de uno carga un muerto en sus espaldas.

www.devierdeman.blogspot.com

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