BARREDA,MI VECINO

Si el Señor Barreda (con prisión domiciliaria inminente) se mudara a la casa lindera a la mía me sentiría levemente amenazada. Por qué? Paranoica siempre fui, a que negar.

Analizando un poco la cuestión, no se si me quejaría si dejara la basura en mi puerta, o si su perro ladrara mucho.

Pero también es innegable que una persona que se “equivoca” tiene derecho a una segunda oportunidad.

Que las cárceles están pensadas para la rehabilitación de los reclusos (en traducciones yanquis encausados), que los derechos los tenemos todos, que Barreda es un ciudadano de esta bendita tierra y que no hace más que solicitar algo que nuestros códigos tienen estipulado.

Así y todo no dejan de dar vueltas por mi cabeza esos cuatro cadáveres hoy , mujeres ayer, con un futuro trunco, con una muerte horrenda a manos de su padre, esposo o yerno. Que ya no tienen derechos, o segundas oportunidades, o posiblidad de invocar apartado de ley alguna.

Sin olvidar claro, ya que estamos puntillosos, en los derechos de esos vecinos que por azar o circunstancia o por culpa de la novia de Barreda verán fastidiada su cotidianeidad.

Un asesino confeso, que está purgando condena, se sumará a su día a día y ellos no tendrán arte ni parte.Ahí no hay derecho que los asista, ni oportunidad de queja más que agarrar los bártulos y mudarse buscando tierras más prometedoras.

Algo incomoda en la balanza: de un lado el derecho legítimo del señor Barreda, y por otro todo el resto de la humanidad.

Se me desbalancea el argumento y no se dónde.

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