Beto Casella le contesta a Lanata

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Sonamos. Se enojó Lanata. Tronó el escarmiento para uno de los pocos que se animó a no aprobar su inclusión en una obra revisteril en la que Miranda canta La guitarra de Lolo y Ximena Capristo muestra las tetas. Está bien: no está acostumbrado a que se lo critique y reaccionó desde su diario…

Se refiere a mí como “un periodista bastante mediocre y oportunista”. En ambas apreciaciones le doy la razón; los que me conocen saben lo conciente que soy de mis limitaciones y mi mediocridad. Tanto que me parece una desmesura ser –desde hace rato- el líder en audiencia de la FM de la primera mañana, con mucha diferencia sobre los que me siguen. Y digo esto sin el mínimo intento de ironía. Ganar desde hace años en esa franja horaria tan competitiva (con colegas tan capaces y prestigiosos), me halaga enormemente, pero no me hace creer que soy menos mediocre de lo que creo que soy. Conduzco un modesto programa de televisión que tiene un rating bastante aceptable, para la crisis actual. También me creo un oportunista, en el buen sentido, por lo tanto no lo tomo como un insulto.

En lo que sí creo que se equivoca, feísimo, es en considerarme uno de sus “enemigos” (???), entreverándome entre quienes dieron noticias falsas sobre cantidad de espectadores y hasta quienes se animaron a pronosticar un pronto levantamiento de la obra. “Se trata de que yo fracase”, se lamenta Lanata en la columna de su propio diario. Que no me cuente a mí entre esos “enemigos”. En primer lugar porque, de todo corazón, me gustaría que la obra esté en cartel por años, no sólo por él sino por la cantidad de gente que gracias a eso lleva el pan a su casa. En segundo lugar, porque no suelo usar la palabra “fracaso” ni para programas de televisión que se levantan, ni libros que no venden ni obras de teatro que convocan pocos espectadores. Que Lanata se relaje: en el peor de los casos (Dios quiera que no), si la obra se levantara, más que un “fracaso”, habrá sido para él una experiencia valiosísima, de la que sacará, creo, alguna enseñanza.

“Piensen un poco más en ustedes y menos en mí”, dispara desde su quejosa editorial. ¿Lanata cree realmente que la crítica toda ha hecho una causa común que consiste en pensar las veinticuatro horas en él, sólo porque se subió al escenario de un teatro? Que alguien le explique que es absolutamente normal que haya despertado expectativa que un periodista tan admirado y prestigioso haya decidido hacerse el gracioso, intentando una mezcla de Pinti y Tristán.

Esto me confirma que Lanata es un soberbio de tiradores que no soporta que lo critiquen. No recuerdo haber recibido ningún reconocimiento en todas las ocasiones en que sostuve que revolucionó el periodismo gráfico, con Página 12 y la revista 23. Ni las veces que dije que es un tipo indispensable para la tele, y que su actual ausencia de la pantalla es una arbitrariedad imperdonable (reconozcámoslo: tampoco tenía la obligación de agradecérmelo).

Bueno, ahora me parece que entre las plumas del Maipo está tan desubicado como Belén Francese en el Festival de Literatura del Malba o un integrante de Gran Hermano hombreando bolsas en el puerto.

Relajate, Lanata: sé que es demasiado para tu ego que rompe cualquier balanza. Si querés, tachame de tu lista de “enemigos” y agregame en la de los que te prefieren haciendo lo que más sabés.

Para el final, te voy a dar una noticia que estoy seguro te va a caer pésimo: que se sepa, por lo menos hasta hoy, no está científicamente comprobado que vos seas el ombligo del mundo.
Fuente: www.primiciasya.com



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