Bolivia denuncia que ‘carapintadas’ argentinos entrenan a la oposición

Once ex militares de Argentina -‘carapintadas’ golpistas de ultraderecha y ex represores de la dictadura– actúan de mercenarios en Bolivia y entrenan a los opositores separatistas que están enfrentados al Gobierno de Evo Morales, el primer presidente indígena del país, según ha denunciado el gobierno de Morales.

Así lo reveló este miércoles el viceministro boliviano de Régimen Interior y Policía, Marcos Farfán. “La posible protección de los grupos separatistas a ex ‘carapintadas’ es investigada por la Policía en el oriente boliviano. Existen indicios de que estarían en varias haciendas”, afirmó el funcionario.

Farfán aseguró que estas personas burlaron los controles de migración y no ingresaron por las zonas fronterizas, razón por la cual no existen registros. Según las autoridades actuarían con nombres falsos y estarían alojados en grandes cortijos.

El Gobierno de Morales ya alertó de la novedad al Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina, pues varios de los mercenarios están prófugos de la Justicia de ese país en causas penales por secuestros, torturas, y asesinatos perpetrados en la dictadura (1976-1983).

Esos ex oficiales del Ejército argentino habrían sido contratados por los terratenientes de ideología neonazi de Santa Cruz, Cobija, y Pando, que pretenden para sus regiones el separatismo del Estado central boliviano por considerarse blancos de origen europeo y rechazar el indigenismo de Morales.

El diario porteño ‘Página 12’, afín al Gobierno de los Kirchner, reveló que entre otros ex militares argentinos radicados en Bolivia estarían, entre otros, el ex coronel Luis Enrique Baraldini y ex mayor Jorge Mones Ruiz.

Ambos actuaron en la ‘guerra sucia’ de la dictadura argentina y, ya en democracia, militaron en los ‘carapintadas’ -sector falangista y ultracatólico del Ejército de tierra- que perpetraron tres intentonas golpistas en 1987, 1988 (dos), y 1990 contra los presidentes Raúl Alfonsín y Carlos Menem.

Varios veteranos ‘carapintadas’ combatieron en la Guerra de los Balcanes, enrolados en el bando nacionalista croata. Además, Argentina exportó a ese conflicto bélico casi 7.000 toneladas de armamento, entre cañones, fusiles, municiones y explosivos.

Precedentes

No sería la primera vez que militares antidemocráticos de Argentina ‘combaten’ en Bolivia. El 17 de julio de 1980 fue derrocada en La Paz la presidenta constitucional Lidia Gueiler en un golpe de Estado encabezado por el general Luis García Meza. Ese día fueron asesinados 200 civiles en las calles paceñas.

Un comando de hombres armados ingresó por la fuerza a la sede de la Central Obrera Boliviana (COB) y fusiló al líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, ex presidenciable por la izquierda y ex ministro de Minas y Petróleo del gobierno que, en 1979, nacionalizó el petróleo.

Algunos sobrevivientes de la masacre declararon tiempo después que “los asesinos hablaban como argentinos”, según recordó el veterano periodista argentino Rogelio García Lupo —fundador de la agencia Prensa Latina con Gabriel García Márquez—, en base a informes reservados de la embajada de los Estados Unidos en La Paz.

A raíz de ese escándalo, el entonces presidente de los Estados Unidos, James Carter, ordenó suspender la visita a Buenos Aires que ya tenía amarrada el Subsecretario de Asuntos Hemisféricos, William Bowdler como reprimenda por la descarada intervención de la dictadura del general Jorge Videla en Bolivía.

En 1982, dos años después del llamado “narcogolpe” de García Meza, los militares argentinos debieron abandonar deprisa La Paz luego de un escándalo por el robo de un importante alijo de cocaína que estaba almacenada en la bóveda del tesoro del Banco Central boliviano. Ellos eran sospechososos del saqueo.

La policía de Bolivia desbarató, el 18 de abril último, un supuesto magnicidio contra Morales y mató a tres veteranos de la Guerra de los Balcanes —Eduardo Rózsa Flores (de nacionalidad boliviana, croata y húngara), Magyarosi Arpad (rumano de origen húngaro) y Dwyer Michael Martin (irlandés)— alojados en un hotel de Santa Cruz.

Las autoridades afirmaron que los muertos y dos detenidos (el húngaro Elod Toasó y el boliviano-croata Mario Francisco Tadic Astorga) planeaban asesinar al presidente Morales, y a otros altos funcionarios del gobierno boliviano,.

El Grupo de Trabajo de la ONU sobre la utilización de mercenarios recordó que es “un delito” su fichaje para derrocar a gobiernos de los estados miembros de Naciones Unidas y recordó que “los ciudadanos de un país tienen derecho a decidir cómo quieren ser gobernados, sin la influencia de ninguna otra entidad”.

Fuente:elmundo.es

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