Chaban lee en el juicio:”El enigma del surfrimiento”

Santiago Kovadloff (Buenos Aires, 1942) nos persuade en las primeras treinta páginas que para sufrir hemos nacido. Mas aun, el dolor -al que designa como El Intruso- es el que nos vuelve plenamente humanos. Cuando la razón lo transforma en sufrimiento cumple una doble misión: desbarata la altivez del Ego y permite que el destino sea tomado en las manos de quien no deja nunca de estar a su merced. En el resto de la obra, el autor eslabona escenarios y protagonistas históricos que le permiten desarrollar la tesis. Transita de la Torre de Babel a las Madres de la Plaza de Mayo, sin ningún oportunismo. Indaga a Caín, Abelardo y Eloísa, Descartes y Montaigne. Se demora en una estación inevitable: desentrañar al bíblico Job. Hay un excelente elogio de la tristeza y una reivindicación de cierta erótica de la vejez. ¡Las huellas del tiempo son la lepra de nuestra época!, denuncia Kovadloff indignado.

La obra es densa, redundante, con relámpagos de lucidez y magníficas digresiones. Es lo que se espera, pues, de un aceptable ensayo de filosofía. A quien le fatigue navegar por la ética, la ontología y la metafísica no debería acercarse. Kovadloff es un buen glosador de textos sublimes y un pensador con fe, lo que da a su palabra un valor trascendente. Creer es amar, nos ilumina.­

Fuente: www.labibliotecadeasterion.blogspot.com

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