Cholo Simeone:ahora si, separado!

—¿Cómo está hoy su relación con Diego Simeone?

—Mi relación con Diego sigue llena de amor, mas allá de cualquier crisis—, dice luego de meditar una pausa, al intuir que la intimidad de su pareja es uno de los enigmas nacionales, después de casi un año en clave de conflicto y pausa, donde la figura de Fabián Orlovsky (35), su amigo guardavida, la obligó a desmentir un romance clandestino en más de una oportunidad.

—¿Después de todos estos meses han recuperado el amor?

— En su momento, no temí confesar que estábamos buscando cosas internas que se habían perdido. Creo que no existe la pareja perfecta y la mujer que me diga que no tiene diferencias con su marido a través de los años es una marciana. Mucha gente no conoce que la mujer de un futbolista pasa muchos momentos de soledad, angustia, de viajes. Siempre dije mi verdad y nunca me puse la careta de la señora feliz. Con Diego la peleamos e hicimos lo posible para reencontrarnos y recuperar esa mirada de amor mutuo.

—¿Luego de todos estos meses pudieron superar la crisis?

—No, no pudimos superar la crisis. Esa es la realidad. Estamos separados. Recorrimos todos los caminos para salvar la pareja, inclusive, el de volver a vivir juntos. Hoy, él está a punto de mudarse a su nuevo departamento, la decisión está tomada.

—¿Decidieron esto de mutuo acuerdo?

—Sí, así sucedió. No hay reproches, sino lindos recuerdos y mucho afecto entre nosotros, porque por más que nuestra relación termine, no hemos dejamos de querernos. Seguimos pasándola muy bien juntos, nos reímos y acompañamos mucho. Creo que es importante que Diego y yo recuperamos nuestra individualidad y los espacios personales. Estamos juntos desde muy chicos, tuvimos que madurar de a dos a la fuerza y no conocemos otra rutina que no sea la de una pareja. Hace poco, un domingo, viví una experiencia crucial. Cada uno de mis hijos había hecho un plan, y Diego no estaba. Por primera vez me hallaba sola en casa. Fue shockeante porque al encontrarme en ese silencio y esa soledad lloré, reí, y volví a llorar. Comprendí que por primera vez estaba sola conmigo misma. Entendí que eso era lo que necesitaba, Y este verano también fue la primera vez que nos fuimos de vacaciones por separado. Él con sus amigos a Brasil, y yo con mis hijos a Pinamar. Quizás esta nueva experiencia de reencontrarse cada uno consigo mismo nos ayuda a madurar y a elegirnos desde otro lugar. Hoy la búsqueda personal, tanto mía como la de Diego, es nuestra elección.

—La crisis, además de una separación, también incluyó rumores de infidelidad. Las diferentes fotos suyas junto a su amigo, Fabián, por ejemplo.

—Fabián es un amigo con el que compartimos gustos en común como, por ejemplo, la playa y la vida sana. Hoy mi amistad con él sigue adelante. Todo este tema que se generó no va mucho más lejos que esas fotos.

—Sin embargo, los encuentros reiterados con su amigo insinuaron algo más.

—No creo que las fotos muestren otra realidad. Cada vez que nos encontraron, nos retrataron caminando o charlando en la playa. Como dije siempre: mis hijos Giovanni (13), Gianluca (10) y Giuliano (6) lo conocen. A Diego y a mis hijos les conté cómo habían sido las cosas, y me entendieron. Además, en las últimas fotos que salieron se recortó a una amiga con la que había viajado por temas comerciales y que estaba en esa misma playa con nosotros.

—¿Siente que las acusaciones de infidelidad hacia usted son injustas?

—Sí, lo creo así. No soy una mujer infiel. Muchos se refirieron a la situación con poco respeto, y eso me duele porque en este mundo nadie es perfecto. Vivimos en un mundo muy machista. Todos tienen sus historias buenas y malas, pero pareció que en todo esto Carolina Baldini era la malvada de la película.

—¿Le importa la mirada ajena?

—Soy muy segura de lo que hago y siempre que una crítica sea hecha con altura y ubicación, la acepto, está todo bien. Pero en algún punto ser la mujer de un ídolo del fútbol resultó una presión. A nosotros, como a cualquier pareja, nos pasaron cosas y estuvimos muy lejos de ser perfectos. Para mí era más fácil decir que todo estaba divino, posar para una foto y seguir adelante. No quiero ser hipócrita. Me irrita la falsedad, la gente con doble cara. Hoy elijo mirar hacia delante. El futuro dirá…

—Usted dejó su carrera por su familia y ahora confesó su sueño de retomar la profesión. ¿A qué aspira en este momento?

—Estoy estudiando Comunicación porque cuando dejé “Bailando…” llegué a la conclusión de que en algún momento regresaría a la televisión y que para eso hay que prepararse, crecer y aprender. Desde agosto pasado me interesé por los seminarios de coaching en Comunicación que realiza Guillermo Petruccelli, un profesional con mucha experiencia en los medios. Vengo trabajando con él, y con una fonoudióloga de su equipo, Fernanda Cobe, a fin de mejorar el manejo de la voz, la dicción y la expresividad. Me encantaría llegar a conducir un ciclo, me gusta la idea, aunque no descarto también probar con la actuación.

—¿Estamos ante una nueva Carolina?

—No. Yo sigo siendo la misma. Lo que sucede es que tuve la necesidad de comenzar una nueva etapa, y permitirme el desafío de crecer como persona y a nivel profesional.

—Alguna vez la señalaron como una mujer fría. ¿Cómo es Carolina Baldini, en realidad?

—Me gusta mostrarme tal cual soy y ser auténtica. Me siento una mujer hiperactiva, buena madre y buena amiga. No entrego mi afecto a cualquiera y valoro a las personas por sus actos y sus compromisos. Amo la vida sana, entrenar y verme bien. Disfruto de la Naturaleza, del mar y viajar.

—Después de todo lo vivido en este tiempo ¿cómo imagina el futuro?

—Quiero ser feliz —reflexiona unos segundos—, verdaderamente feliz. Quiero sentirme a gusto conmigo misma, reconocerme en el espejo y tener la libertad de elegir qué deseo y qué no quiero para mí, sin prejuicios, ni miedo por lo que vendrá. Recuerdo que el filósofo alemán, Arthur Schopenhauer, decía: “El destino baraja y nosotros jugamos”. Creo que a veces hacemos mucho y programamos, pero finalmente el destino es el que termina indicándonos el camino.

Fuente: revista Caras


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