Conocé la “narcocultura”

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Hay señales que pocas veces mienten. De origen humilde, Joaquín “El Chapo” Guzmán, el jefe del cartel mexicano de Sinaloa, construyó un verdadero imperio de extravagancias y suntuosidades en México, Estados Unidos, Guatemala y El Salvador. Mucha plata en efectivo, un zoológico privado en Guadalajara con caballos árabes, ciervos y hasta un reno; múltiples casas, autos de lujo, despilfarros en fiestas y restaurantes –donde se cocina el negocio de la droga ilegal–, fueron sólo algunas de las pistas materiales que, casi como “ narcocultura”, son una constante en el estilo de vida de los narcos mexicanos.

Autos lujosos, mansiones impresionantes, armas y negocios oscuros. La ostentación, mujeres VIP, gustos caros –no siempre de buen gusto– y el consumismo, son un sello narco. Una “marca” novedosa en nuestro país que comenzó a imponerse a partir de las revelaciones y los personajes que fueron surgiendo en las dos causas más mediáticas y escandalosas de los últimos años: la “ruta de la efedrina” y el triple crimen de General Rodríguez.

¿ El lujo es lo que llevó a Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina a caer en el negocio de la efedrina? ¿La vida con gran suntuosidad es lo que delató a los millonarios Hernán De Carli y a Mario Segovia?

Forza con una casa en un country de Pilar y varios autos de lujo. Segovia con dos Hummer, un Rolls-Royce, una Land Rover, 70 mil dólares, más de tres kilos de oro y armas de fuego. Todo eso en su mansión del barrio Fisherton, de Rosario. La estética narco, dicen los especialistas, está ligada al consumo de los nuevos ricos. Dentro de sus gustos extravagantes son conservadores. Lucen jeans, camisas de seda, sombreros caros, cinturones grandes y botas de diversas pieles. Los accesorios son gruesas cadenas de oro, anillos con brillantes y relojes de marca. Forza y Segovia compartían el placer de los autos caros. Hernán de Carli, ahora en libertad, tiene una Dodge Ram; sus credenciales de la DEA y de SWAT recuerdan otros casos de falsificaciones y “deseos de”.

Antes los narcos eran más discretos. Se cuidaban. Pero en las últimas dos décadas las condiciones han cambiado y ahora son exhibicionistas. Muestran su ropa, los autos, las casas, y las mujeres. Hasta los lugares en los que se encuentran para cerrar negocios, son públicos y de lujo. Parece que la impunidad se tiene que hacer visible”, dice a PERFIL el especialista mexicano José Manuel Valenzuela Arce, investigador del Colegio de la Frontera Norte.


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