Confesó su odio a Tinelli

Por Mauro Viale
Siempre que lo encuentro en el ascensor del edificio, me pregunto, secretamente, qué me llama la atención de él. En ese momento o cuando lo veo a través de la televisión. Es un juego tramposo que lleva a un dilema, una especie de provocación para probar mi autoestima…

 

Cuánto de las oscuridades saldrán disparadas para hacerle saber que lo quiero pero lo odio, que es más jóven, más alto, más exitoso. Pero, al fin, sé que no soy libidinoso, controlo con la cultura mis ganas salvajes de matar.
La última vez que lo vi, le confesé a Tinelli que Ivanna, mi hija, había sido madre. Bah! Que yo era abuelo. Así que me devolvió un rictus de forma, alguna palabrita, y una sonrisa que la puerta del ascensor estorbó. ¿Qué habré dicho? Su esposa rió, al menos.
Confieso que los programas de la farándula no me interesan. Ya sé que los produje y conduje. Me aburren, aunque hago lo imposible para que me entretengan. No hay caso, prefiero los periodísticos o las películas.
Igualmente conozco algunas cosas que suceden desde un show que ve todo el país. Tinelli ha tomado tantas facetas prestadas de otros, que logra hoy un personaje único. Créame, se lo digo yo que soy un buen conductor de piso, de los mejores.
Tinelli es alto, flaco, buen mozo, millonario, simpático, seductor, imperturbable, hierático, hipócrita, audaz, inalterable, obsesivo, rebelde, adolescente. Es imposible que conduzca un show sin brillo. Ha invertido sumas millonarias en momentos de crisis. Sabe que facturará saliendo al aire todos los días. Es popular, inimputable ideológicamente, es de un discurso popular directo, chabacano adrede. Teje y dibuja todo el tiempo, se burla directamente, como los chicos. Es mejor que todos. Que Pergolini, que Susana, etcétera. Con Tinelli uno podría ganar votos en política, con Pergolini se perderían, con Susana se reirían. Y no es tan inocente: sus ideas están.
Pero su mérito mayor, es haber cambiado el mundo de las mujeres: su estética, sus ambiciones, el pudor de algunas madres olvidadas que renacieron a la sensualidad. Erotizó la noche argentina repleta de antiguas yeguas y fornidos patinadores. Excita a las oficinistas y vendedoras de tienda. Cambió su ropa, su cuerpo, su decisión de amor. Las mujeres que no son de Tinelli quieren ser como cualquier mujer que se ve en ese programa. Eso quise decir desde el comienzo y no supe cómo. Desde que está en esta etapa, todas quieren bailar, cantar, pelear, chimentar. Es el deseo de aquella que no aparece. Eso es. Lo malo es que muchas de las que están en el programa tienen hijos y no se dieron cuenta.

 

Fuente:www.infoexclusivo.com.ar

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