Debutar como hombre o debutar como macho

Por Sergio Sinay *

Las estadísticas muestran cifras y porcentajes, pero no sensaciones y emociones. Sabemos así que la edad de iniciación sexual de los varones ha bajado un poco y que hay una mayor participación de sus compañeras estables o de chicas de su edad. Pero nada se nos dice de cómo se viven esas iniciaciones. Los varones de generaciones anteriores debutaban en una atmósfera social en la que lo sexual era tabú, de eso no se hablaba. Hoy se habla y se ve demasiado. Toda la información de la que carecían aquellos jóvenes varones se ha convertido en un martilleo grosero, incesante, permanente, invasor y depredador que hoy los ametralla desde la tevé, Internet, el celular, los afiches callejeros, las vidrieras. Antes los varones no sabían qué hacer en su debut, pero, según las leyendas de cada uno, alguna mujer mayor (la vecina, una amiga de la hermana, una prostituta de buen corazón, la mucama,) estaba allí para enseñarle. No su padre, por supuesto. Hoy les está prohibido no saber, eso es de nerd. Y aunque vean muchas páginas porno, mucho baile del caño y muchos canales condicionados, siguen sin saber. Entonces y ahora el desarrollo sexual y el alcance de la madurez es fruto de una experiencia funcional, pausada, acompasada con otros desarrollos orgánicos, psíquicos y emocionales.

Al explorar el mundo emocional de los adolescentes y al escucharlos de verdad, se comprueba que entonces y ahora, más allá de las estadísticas, hay algo que se repite. La presión por el rendimiento, la presencia del jurado social (internalizado) que los aprobará o no, la obligación de “saber” y de demostrar que se “sabe”. Los padres aggiornados a menudo agregan apremios al creer que hablar de sexo en la mesa prepara mejor a sus hijos. O, simplemente, siguen ausentes de sus funciones y responsabilidades como guías, orientadores y consultantes confiables y se escudan en la tan divulgada consigna de que “los chicos de ahora son rapidísimos, saben más que uno”. Los chicos de ahora y los de antes son chicos. Es decir, tienen con los adultos una relación naturalmente asimétrica en la que necesitan ser guiados, orientados, limitados, informados.

Muchos varones argentinos (algo insinúan las estadísticas) siguen debutando con putas, son consumidores del rubro 69 de los clasificados. Aún ingresan a la sexualidad por caminos penumbrosos, acosados por presiones y fantasmas, intoxicados por mitos deformantes y estresantes, disociando sexo y amor hasta casi oponerlos. El consumo de estimulantes (éxtasis, keratina, incluso Viagra entre varones muy jóvenes) es un síntoma inquietante. El machismo cambió sus ropajes por otros social y políticamente más aceptables, pero la iniciación sexual sigue siendo una penosa prueba de fuego que los varones atraviesan emocionalmente solos y sintiendo que se juega allí su masculinidad. Una cosa es iniciarse como varón y otra como macho. Sobre esto, no hay estadísticas.

* Psicoanalista.

Fuente: www.pagina12.com.ar

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