Democracia, pero de verdad

Jorge Luís Borges, ese escritor magistral del que supimos disfrutar los argentinos, desde su mirada anarquista, solía decir con algún rasgo de fina ironía, que “la democracia es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística” Sería bueno que sea solo una visión escéptica de la cuestión.

Vivimos tiempos donde se está de un lado o de otro según aquello que sea mas funcional para sostener estrategias de poder. Eso que se ha dado en llamar política es hoy el escenario ideal para desplegar el arte de la picardía criolla.

No es demasiado relevante saber que piensa el aliado. Eso explica como se construyen alianzas entre gente que tiene poco que ver desde lo ideológico, y ni hablar desde las afinidades personales.

Un conjunto de analistas, consultores y encuestadores se ocupan de vender inteligentemente teorías que demuestran con cifras, casi científicamente, que esta táctica propuesta brindará más dividendos que otra cosa.

Aquellos que son capaces de modificar las reglas de juego para mejorar sus chances están mostrando claramente su escala de valores. Si a ello se agrega el hecho de que no sienten la necesidad de esgrimir argumentos que expliquen la decisión, creo que se suma entonces la cuestión de la impunidad.

Tomar decisiones arbitrarias, haciendo abuso de atribuciones, que permiten cambiar las reglas, y hacerlo sin dar justificaciones, cuando de asuntos públicos se trata, es una forma, al menos opinable, de ejercer el poder.

A no equivocarse. No se trata de una práctica novedosa, ni es patrimonio exclusivo de los circunstanciales protagonistas del presente político correntino. Esto es lo que en realidad preocupa. Lamentablemente, esta forma de hacer las cosas llegó para quedarse.

La gente, la sociedad, la comunidad toda merece la oportunidad de gobernar sus propias vidas para escapar de las garras de la política chica que nos propone cierta dirigencia contemporánea. Para merecerlo, hay que hacer también un esfuerzo. La democracia amerita ser ganada, y la legitimidad de su existencia se trabaja en el día a día. Se requiere para ello de ciudadanos comprometidos, con ganas de sumar, haciendo frente al pensamiento único que dice que los partidos políticos constituyen la forma monopólica de participar en la vida cívica.

Si te cansaste de ser espectador sería un buen momento para  animarte al protagonismo.

Digo, bah!

Fuente: ideas de aca y de alla

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