Dentro de cincuenta años

Estoy intentando imaginar cómo relatará la historia este momento.Cómo la describirán los libros, cómo la enseñarán los maestros.

Los protagonistas estarán ya muertos y algunas de sus lápidas rezarán por ejemplo “a cualquier precio”, “no quiso o no pudo entender” entre otras.

En una de esas es verdad que el signo monetario es también un símbolo nacional. En tal caso no estaríamos hablando de otra cosa que de patriotas entonces. Los de hoy, como los de ayer.

La distancia ayudará a menguar las imperfecciones y el relato de las decisiones de hoy ocupará un par de páginas nomás y algun croquis para aprender de memoria. Algo así como el compendio de todo lo que pudo evitarse.

Sí tendrá un espacio destacado el superlativo esfuerzo que se hizo en estos tiempos para gobernar y legislar para los muertos. Si algo hay que reconocerle a este gobierno, y su antecesor es su gran tributo al recuerdo de los muertos que recibieron loas, discursos sin fin, referencias interminables, monumentos merecidos y algún que otro subsidio.

Yo eso lo entiendo, porque me pasa. Hace poco  cuando murió mi viejo me encontré deseando que ojalá sea un mejor padre muerto que cuando estaba vivo. Eso tienen de bueno los muertos, no pueden decepcionarnos. No tienen otro destino que ser cada día más dignos del recuerdo y el respeto.

Ese debe haber sido el defecto de los ex combatientes de Malvinas por ejemplo, que por estar vivos no lograron la reivindicación merecida y prometida. Claro, tenían un defecto, respiraban todavía. Pero hasta eso tiene solución porque algun día les llegará la hora del recuerdo y el lugar que la historia por ahora les debe. Cuestión de tiempo tan sólo.

El error de este gobierno, o su omisión fue no entender que gobernaban para los vivos. Esos si que notan los errores, que sienten el hambre, que sangran si se los lastima, que protestan si los saquean. Incluso si los apuran un poco hasta pueden llegar a entender que los estan usando.

No todos claro, por suerte para ellos y desgracia de los demás.

Alguna mención al buen gusto de la primera presidenta que tuvo la Argentina, sus manías, su leve parecido a otra figura histórica que soñó pero no pudo ser lo que ella fue y malgastó.

Un par de canciones que los memoriosos guardaran celósamente en un archivo, secretos revelados tardíamente del diario íntimo no autorizado de personas allegadas a esa primera mandataria que pocos recuerdan.

Correcciones posteriores a decisiones poco pensadas, dos o tres  apellidos que por iguales confundirán a los chicos a riesgo del aplazo por mala memoria. No mucho más supongo que valga la pena poner en los libros.

Si algún aprendizaje dejará a los alumnos no es más que recordar algo que siempre supimos y lo decía mi abuela en aquella vieja frase “la primera concesión nunca es la última”.

Susana Peralta

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