DESCUBREN QUE SER DE DERECHA ES COMO LA DIABETES: LA MAYORÍA DE LOS QUE LA PADECEN LO IGNORA OLÍMPICAMENTE

 

Científicos de una Universidad re-prestigiosa y que queda muy lejos acaban de dar en el clavo: parece ser que por cuestiones genéticas, o algo por el estilo, muchas, muchísimas personas son de derecha y no lo saben, o lo ignoran, o ni siquiera lo sospechan, o no le dan importancia, o te dicen que las ideologías murieron, o que son “de centro”, o incluso “de centroizquierda”, o que son “apolíticos”, o, ya en el colmo del hippismo, que “están más allá de toda categoría”, y acá mejor que pare porque ya me pongo loco y me saco la chancleta, mirá.

De esta dolencia, se estima, estarían afectados casi todos los ciudadanos que no terminan de asumirse dentro de la reconocida categoría de los “zurditos”, la cual, como sabemos es abrazada por sus adeptos no solo sin ningún tipo de vergüenza, sino además con gran orgullo, al contrario de sus opositores.

Uno de los que tendrían inmunidad contra esta bacteria (porque es una bacteria) sería el periodista Oscar González Oro, claro, quien famosamente dijo alguna vez la frase prohibida: “yo soy de derecha”, así, de frente manteca. Otro es el locutor radial Mario “Soy de derecha y me la banco” Pereyra (los cordobeses saben de qué hablo). En la vedera de enfrente, en cambio, un caso arquetípico de persona que sufre de este mal es el célebre “inyenieri” Blumberg, quien, pese a andar todo el día pidiendo la horca para media Humanidad, alguna vez se declaró, tal vez lo recuerden, ay, mamá, de “centroizquierda”, y acá no rompo en carcajadas nomás porque estamos hablando de ciencia y el asunto es serio.

El estudio, de todos modos, no refiere a los sinvergüenzas famosos y semi-famosos que ocultan su derechez por conveniencia, sino a la gente de a gamba, comunarda, esto es, a su tía, a su cuñado, a su madre, incluso a ud. mismo, mire lo que le digo con total valentía científica y antidemagogia certificada, señor querido lector.

Empíricamente, esto es fácil de comprobar: basta con que algún asunto político agarre vuelo en los medios y se torne “cosa de la que opinar después de comer las milanesas”, para que esto se haga patente: es entonces que gentes que parecían encarnar la bondad universal misma se convierten de buenas a primeras en oscuros seres que piden “mano dura”, reclaman que el Estado no jorobe tanto en la actividad privada y exigen la expulsión de inmigrantes, a guisa de paquete de medidas prácticas y eficaces para solucionar los variados problemas político-sociales de la Nación.

Ellos, víctimas de las fiebres que su impía dolencia les provoca, seguirán diciendo que son de centro, de centroizquierda, apolíticos y/o demócratas progresistas. Ahora, gracias a la ciencia, sabemos que todo eso es macana y que son, sí, uh, oh, ah, horror: ¡de derecha!

El próximo paso, claro, será el carnet ideológico, de obligatoria exhibición en discusiones y debates de toda calaña. Pero dejemos eso para más adelante, y no nos precipitemos, que ya bastante tenemos con este magnífico descubrimiento que nos deja a las puertas mismas de un gran… o sea, en fin, ya saben.

Fuente: blog clarín:notevayasestupida


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