Dura represión en el festival antifascista

El pasado martes 24 de marzo, en el Pasaje Discépolo del barrio porteño de Congreso, se realizó un festival por los 33 años del golpe de Estado de 1976. Punkis, skinheads, rastas y stones convivieron juntos de forma pacífica. Todo se desarrollaba con total tranquilidad, hasta que de repente, irrumpió la Policía Federal y la Guardia de Infantería y se desató el caos.

Según supo este medio, la violenta represión se debió a que los organizadores del evento se habrían pasado una hora de tiempo del permiso pactado con las autoridades de la Ciudad. “Lo que menos se imagina uno es que van a venir preparados para la represión. Nosotros estábamos en un costado mirando, vendiendo remeras y parches. De un momento a otro se corta la luz y empiezan a venir en fila todos juntos disparando balas y pegando palazos”, cuenta a 24CON Jonatan, uno de los testigos directos de los hechos.

Jonatan es skinhead antifascista, vive en el partido de San Fernando, no supera los 20 años y se lo conoce en el ambiente como “el Poyo”. El día del recital estaba con su novia Gisela de 23 años. Ambos, fueron víctimas de los golpes de la policía. Cuando se generaron los incidentes, él corrió a proteger a su novia. En medio de la lluvia de golpes y con un impacto de bala en su cuerpo, logró llevarla hasta una esquina de la avenida Callao y la dejó sentada en la vereda. Luego la perdió de vista, más que nada por los oficiales de policía que tenía enfrente y que luego lo introdujeron en el patrullero.

En esa esquina, a ella también la estaban golpeando. Gisela, estaba embarazada de un mes y medio. “Los dos estábamos incomunicados en la comisaría 5ta, yo en un pabellón de hombres y ella en uno de mujeres. Ahí también le pegaron a puño cerrado en la cabeza. Recién a las 10 de la mañana la soltaron. Después, en una ambulancia del SAME la derivaron al hospital Ramos Mejía donde le hicieron todos los estudios, y quedó internada”, dice Jonatan. Ahí le informaron de la noticia y le confirmaron lo peor. Había perdido a su hijo. “Ninguno de los dos caemos de lo que pasó”, confiesa.

En las últimas horas a Gisela le dieron el alta y volverá a su casa en Hurlingham. Por su parte, Jonatan expresa indignado que demandará a las autoridades porteñas. Pero indignado, deja en claro que a pesar de cualquier medida que lleve adelante: “Esto no nos lo va a reponer nadie”.

Fuente:conurbano on line


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