Duras declaraciones sobre la vida en la cárcel

Sistemática violación de los Derechos Humanos en las cárceles de Kirchner:

80 camas para 190 presos, abusos y maltratos por la policía… El vecino de Palma, liberado tras pasar 18 meses en prisión pese a que colaboraba con la Policía, relata su calvario en las prisiones del fascismo peronista marca Kirchner.
Pregunta: -¿Qué ha sido lo primero que has hecho?
Respuesta: -Caminar. Me han soltado a las seis de la mañana y me he puesto a caminar. He venido andando hasta la embajada española, que está a unas treinta cuadras (manzanas) de distancia del Palacio de Justicia. Miguel Ángel González Pinto, el vecino de Palma de 41 años que llevaba desde agosto de 2006 en una prisión de Buenos Aires tras ser detenido con un alijo de cocaína, disfrutó ayer con un largo paseo de sus primeras horas en libertad. Ahora se enfrenta a un mes por delante en la capital argentina con sólo 900 pesos (unos 200 euros), mientras prepara su particular ajuste de cuentas con el sistema penitenciario del país sudamericano. “Allí dentro te mueres de hambre. En una prisión en la que estuve seis meses había 80 camas para 190 personas, así que o pagas por una cama, o peleas o duermes en el suelo. Además me faltan dos dientes por los golpes de los guardias”. Miguel Ángel González pisó por fin la calle a las seis de la mañana de ayer, hora argentina. Su abogada le había anunciado que sería liberado el pasado lunes, pero los trámites burocráticos se demoraron dos días. En la capital argentina es verano, así que el largo paseo hasta la embajada española a primera hora de la mañana debió de ser agradable. En la oficina consular recibió el dinero que el Estado asigna como ayuda a los presos en el extranjero que le correspondía por los últimos meses que ha pasado encerrado: 900 pesos. Una de las primeras cosas que hizo con este dinero fue comprar tarjetas de teléfono y llamar a DIARIO de MALLORCA. Su primera charla en libertad. “La abogada me ha dicho que hasta dentro de un mes no podré volver a España”, comenta. “El tribunal tiene que confirmar el fallo y luego pasa a un tribunal de ejecución, al que tengo que pedir permiso para dejar el país. La jueza dijo que en mi caso intentarían agilizar los trámites, pero parece que no será menos de un mes”. González se disponía ayer a buscar un hotel barato donde pasar este tiempo. “Por no tener no tengo ni ropa. Me han hecho dejar en la prisión todos mis efectos, toda mi ropa e incluso el reloj. Sólo tengo lo que llevo puesto, pero estoy contento”. Pero González no renuncia a denunciar la situación que se vive en los penales por los que ha pasado durante los últimos 18 meses. “Cuando llamaba desde el teléfono de la prisión no podía hablar libremente, porque allí hay siempre un funcionario escuchando y lo graban todo”, relata, “pero me faltan dos dientes de los golpes que me dieron los guardias y el lunes pasado estuve treinta horas encerrado en la celda porque nos castigaron a todos los presos porque dos se habían peleado. Estuvimos treinta horas encerrados sin agua”.
El recién liberado explica que los guardias utilizaban dos tipos de medidas punitivas para castigar a los presos, castigos colectivos para todos los internos aunque sea para responder a actos de unos pocos. “Un sistema es la requisa, en la que nos sacan a todos los internos desnudos y vienen cuarenta guardias con cascos y porras y reparten golpes a todos. Ahí me rompieron a mí dos dientes. El otro es el volante, que es un castigo en el que amontonan a los presos desnudos unos encima de los otros, como en las fotos de las prisiones de Irak”. González explica que los presos sobreviven en condiciones muy malas. “Allí dentro de mueres de hambre”, prosigue. “Sólo te dan de comer un caldo con un suero para que te engorde, que te destroza el estómago. No sé cuántos kilos he perdido pero hoy, cuando me he visto por primera vez en un espejo, en el ascensor de la embajada, me he llevado una impresión, porque estoy en los huesos. Me tiraba en la celda 18 horas cada día, y tenía que calentar el agua con un mechero. Los primeros seis meses los pasé en la prisión de Deboto, que es una cárcel que tiene más de cien años. Allí teníamos 80 camas para 190 presos. Así que o pagas por una cama o peleas o duermes en el suelo. Y allí hay presos cien españoles y otros tantos europeos, y son cosas que España o la Unión Europea desconocen. Por eso, cuando los otros presos supieron que iba a salir en libertad me lo dijeron. Me decían: gallego, cuenta lo que pasa aquí”. ..

Entrevista completa publicada en:

http://www.diariodemallorca.es/secciones/noticia.jsp?pRef=1811_10_332792__SUCESOS-prision-pagas-peleas-duermes-suelo

Nota encontrada en:http://www.amigos-de-borges.net/site/espanol/hacedor/invierno.php

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