El adentro tan parecido al afuera

Los presos acuden al correo electrónico, a los realitis de TV o a la radio, pero lo más popular siguen siendo las visitas. Las detenidas los prefieren en su misma situación. Y a muchas mujeres las fascinan los reclusos: para un psiquiatra, eso se llama encriptofilia.

Dos veces por semana, detenidos buscan pareja en la sección “clasificados” del reality Cárceles (Telefé). O cada noche llaman a distintos programos de radio, pidiendo lo mismo. Muchos la consiguen. Y hasta algunos (al menos por TV) se dan el lujo de rechazar propuestas.
¿Mujeres seducidas por un mundo ajeno de chicos malos? ¿Mujeres que buscan del otro lado lo que no encuentran más acá del muro? ¿O la fantasía de que sólo así no serán engañadas? ¿Y qué pasa cuando son ellas las que están entre rejas?
Desde el Servicio Penitenciario bonaerense explican que la forma más popular que tienen los internos (hombres y mujeres) de encontrar pareja es a través de las visitas. Así conocen a familiares o amigos de otros reclusos, o éstos los contactan con alguien más, del afuera.
Pero según Orlando Barreiro, ex director de la Unidad 8 de mujeres, ellas prefieren relacionarse con otros detenidos.
“Buscan a alguien que les garantice la visita, lo que no sucede con los hombres que están libres”, explicó a Trama Urbana, sabedor de que la mayoría de las presas son abandonadas por sus novios o maridos apenas se cierran las rejas.
“¿Viste que afuera de Olmos (Unidad 1) muchas mujeres pasan la noche esperando para visitar a sus esposos? Bueno, con las mujeres no pasa lo mismo”. Otra vez… el adentro tan parecido al afuera.
“Conozco el caso de un secuestrador que hace muchos años fue condenado por casos resonantes, conoció a una mujer en la cárcel, salió pese a tener reclusión perpetua, con accesorias, y ahora están a punto de separarse”.
¿Cómo es eso? “Ella le reclama que ya no hablan como antes y él explica que ya no tiene mucho que decir”, revela Maldonado, “porque estando en prisión él le contaba anécdotas de pabellones, o comentaba los libros que ella le llevaba y ahora está en otra cosa”.
Por lo que cuenta el psiquiatra, ya no es el chico malo que cobraba suculentos rescates y vivía en el anonimato, sino “un hombre que trabaja, quiere pasar inadvertido y está preocupado en vivir lo mejor posible lo poco que le queda”.

De la página del servicio penitenciario bonaerense, Ministerio de Justicia

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