El conflicto agropecuario, en su día 105, ya es tema de estudio en USA y Europa

PENNSYLVANIA (Knowledge). Falta de alimentos en supermercados y almacenes, escasez de combustibles, despidos de trabajadores en diversas industrias, aumento de precios en productos de primera necesidad, baja en las ventas y merma en el turismo de fin de semana largo, retiro de depósitos bancarios, menor recaudación e incremento del riesgo país son algunas de las graves consecuencias de los 101 días que han durado las protestas del sector agrícola argentino ante el anuncio del aumento de los impuestos a las exportaciones del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Todo comenzó el 11 de marzo cuando el entonces ministro de Economía, Martín Lousteau, presentó un nuevo esquema de impuestos que subía la alícuota de un 35% fijo de retenciones a las exportaciones agrícolas, a un 44% móviles según fluctuaran los precios internacionales de los distintos commodities (soja, trigo, etc.). Este impuesto le significaba al Estado una recaudación extra de unos 2.300 millones de dólares. Tal y como explica en su blog el profesor del IE Business School, Rafael Pampillón, Argentina ha crecido muy rápidamente, más del 8% al año desde 2003, principalmente como resultado de la subida de los precios mundiales de las materias primas. “El Gobierno ha querido romper la gallina de los huevos de oro poniendo un impuesto muy elevado a la exportación de soja”, escribe.

Como nunca antes había sucedido, las cuatro entidades que representan a quienes se dedican a las actividades rurales (Federación Agraria, Confederaciones Rurales Argentinas, Sociedad Rural Argentina y Coninagro), se unieron para levantar una sola voz de protesta mediante unos 300 cortes de carreteras a lo largo del país.

Pero a pesar de que el ministro de Economía presentó su dimisión, y se realizaron distintas reuniones de las entidades agrarias con la presidenta y su gabinete, el Gobierno se negó rotundamente a cambiar de postura.

n opinión de Carlos Malamud, investigador principal de América Latina del Real Instituto Elcano, “el tema pasa por el deseo del Gobierno de aumentar el superávit fiscal, de aumentar el control de lo que ellos llaman la caja, es decir, el dinero que recaudan directamente y gastan sin ningún tipo de control por parte del parlamento y otras instancias internacionales. Esto ha llevado a un conflicto que prácticamente ya ocupa la mitad del mandato de la presidencia de Cristina Kirchner”. Malamud explica que se trata de “una situación bastante insólita en la cual el Gobierno en vez de negociar con las partes implicadas ha optado por redoblar la apuesta y por dirimir esto no en términos institucionales y políticos, sino como una cuestión de mero poder”.

Por eso, los trabajadores del campo también han recibido el apoyo de los ciudadanos de las principales ciudades de Argentina a través de cacerolazos. Acorralada por la presión de los cortes de rutas y del reclamo de la sociedad por un diálogo más abierto, la administración de Cristina Kirchner decidió entonces enviar el proyecto de retenciones al Congreso para que los legisladores tomen la decisión final. Si bien las entidades agrarias terminaron con las medidas de protesta, la crisis está lejos de solucionarse y hay dudas sobre qué es lo que votarán los diputados y senadores de las distintas provincias.

Consecuencias económicas

Mientras se dirime el conflicto en el Congreso, los analistas se muestran preocupados por los efectos colaterales que esta primera crisis política del gobierno Kirchner ha generado en la economía. Así resume Ernesto O´Connor, economista y director del Programa de Análisis de la Coyuntura Económica de la Universidad Católica Argentina (UCA) la situación: “Se produce un quiebre de las expectativas positivas sobre la marcha de la economía, con brusca desaceleración del nivel de actividad, que en el segundo trimestre estaría en el 4.5% anual real (frente al más de 7% que se preveía a principios de año). También se genera paralización de la inversión y postergación del consumo, fuga desde bienes hacia reserva de valor como divisas. Mientras que se agudiza el problema de la inflación, que se sitúa entre 25 y 30 % anual”.

Desde la División de Macroeconomía de la consultora argentina de análisis económico Prefinex, el economista y profesor de la UCA Osvaldo Cado, elaboró un informe detallado sobre los efectos negativos en la salud de la economía durante los 101 días de paro del campo. Señala, por ejemplo, que “El Banco Central perdió reservas por 2.200 millones de dólares; el riesgo país subió de 490 puntos básicos a 580; los depósitos privados cayeron 6.000 millones de pesos argentinos (unos 1900 millones de dólares); el gobierno dejó de recaudar unos 1900 millones de dólares por el impacto de una caída en las exportaciones; y el impacto en la inflación podría haber incidido en unos 2 ó 3 puntos”.

Por otra parte, ya se habla de “el default después del default”, advierte el Lic. Martín Simonetta, director Ejecutivo de la Fundación Atlas, organización sin fines de lucro para la consecución de una sociedad libre, y profesor de la Cámara Argentina de Comercio. A partir del 2008, añade Simonetta, el Gobierno debe comenzar a enfrentar los pagos de la deuda defaulteada (como consecuencia de la crisis de 2001). Entre 2008 y 2011, se deben realizar pagos por más de 52 mil millones de dólares, lo que exige mayores ingresos fiscales o reducción del gasto público. Claramente se ha optado por la primera alternativa, a través de las mega-retenciones”.

Por su parte, Guido Sandleris, director del Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), resalta una caída en la confianza del consumidor: Según la última medición, “en junio cayó un 1,8% respecto del mes anterior. Pero desde el inicio del conflicto con el campo el índice cayó un 13%, aunque hay que tener en cuenta que esta reducción de la confianza se viene produciendo desde enero, y evidentemente este conflicto lo acentuó”.

Un mal recuerdo

Los cacerolazos espontáneos producidos en Buenos Aires, Córdoba, Rosario, entre otras ciudades importantes del país, recordaron el default de 2001, cuando había estallado la mayor crisis económica, social y política Argentina que generó la caída del gobierno del entonces presidente Fernando De La Rúa. “El problema es que la economía se está enfriando de la peor manera, que es con la crisis de confianza y eso se ve también a través de los cacerolazos y el aumento de la inflación”, dice Sandleris, de la UTDT.

Sin embargo, el corralito impuesto a los depósitos bancarios en diciembre de 2001 por ahora es sólo un mal recuerdo. “Claramente ambos eventos son expresiones sociales que deberían ser escuchadas por la dirigencia política que, en definitiva, está en su cargo en representación de la totalidad de los argentinos. Pero realmente no existe comparación alguna entre el 2001 y el 2008. La situación económica, pero sobre todo la social, no da lugar a paralelismos”, asegura Osvaldo Cado, de Prefinex.

En todo caso, desde la visión de Malamud “es la primera de las últimas crisis políticas en Argentina que no tiene un correlato económico directamente, que no está provocado por una situación económica de gravedad. Es en todo caso una crisis política la que provoca el agravamiento de la situación económica”. En términos generales, explica Malamud, “la situación económica es estable y próspera. Por supuesto que había problemas en el horizonte como es el tema de la inflación o el abastecimiento energético, pero a esto se llega por un pésimo manejo político de la presidencia de la Nación y también del ex presidente Néstor Kirchner. Hay un funcionamiento del tándem presidencial, presidenta y ex presidente, que han agravado y tensado la presión política de una forma tremenda. Es decir, si el guión de esto lo hubiera escrito el peor enemigo de los Kirchner, no le hubiera salido mejor”.

De hecho, no es un dato menor que la imagen de la presidenta haya caído hasta el 20% en estos más de tres meses de tensión con el campo. Al respecto, la revista Time, por ejemplo, publicó una nota con el título “El derretimiento de la Hillary de Argentina”.

Otra de las aristas negativas que trajo aparejado el conflicto agrario es la imagen de Argentina frente al mundo, “que está bastante afectada”, sostiene Malamud. Y añade: “para los que siguen la política argentina la situación es poco comprensible. Lo que está claro a la vista de la conducta de los inversores internacionales es que es un país que cada vez cuenta menos para ellos. Si se revisa la evolución de la inversión extranjera directa en 2007, Argentina se ubica no en los países de cabeza sino del medio para abajo”.

En eso coincide Simonetta, de la Fundación Atlas: “Desafortunadamente, Argentina no existe en el exterior. No tiene “capacidad de daño” en otras economías. Simplemente es el país que pierde una gran oportunidad de subirse al tren del crecimiento del precio global de los commodities. La voracidad fiscalista del Gobierno lo llevan a cubrir el gasto público triplicado desde el 2001 a través de impuestos altamente abusivos”.

Hacia el futuro

Desde que Cristina Fernández de Kirchner asumió su mandato el 10 de diciembre pasado se han visto pocos cambios en la política social y económica que venía implementando su marido, Néstor Kirchner. Por ello, el conflicto con el campo ocupó un espacio demasiado largo y, para los especialistas, se ha perdido tiempo en solucionar otros problemas de fondo. La inflación es el tema más angustiante en este momento, vuelve a remarcar Sandleris, “pero también hay otros temas desatendidos como la educación y la salud, y el gobierno muestra estar paralizado por el conflicto. Si bien la asunción de Cristina Kirchner marca una continuidad del modelo de su marido hubo muy pocas iniciativas y de ellas algunas inoportunas”.

En cuanto a la economía, hay que prestar atención a un menor crecimiento “que se ubica en un 4.5% anual, con inflación del 25-30%, y pobreza creciente. La tendencia es a una desaceleración por falta de confianza de mediano plazo, más allá de la resolución del conflicto con el campo”, puntualiza O’ Connor.

También habrá que mejorar la imagen del Gobierno después del desgaste, cree Osvaldo Cado, de la consultora Prefinex, “con un shock de expectativas positivo, quizá cambiando algunas caras de un ya vetusto gabinete, y de la mano de algunas políticas que estimulen la inversión e integren a la Argentina un poco más al mundo, lo que podría mejorar las perspectivas de cara al año del bicentenario de Argentina (2010)”.

Para Malamud, del Real Instituto Elcano, “estamos en una coyuntura en la que sería necesario modificar la conducta totalmente autoritaria del gobierno. Su conducta es similar a la de otros gobiernos populistas de la región como el de Hugo Chávez, Evo Morales o Rafael Correa”.

En definitiva, los signos de desaceleración de la economía, de la baja en la popularidad del gobierno y de la falta de reacción del matrimonio Kirchner frente a los reclamos de la sociedad, son problemas que requieren una solución con urgencia. “Con una buena reacción del Gobierno se puede recuperar la confianza, se está a tiempo. Hay que dar señales más grandes y tomar medidas más heroicas para restablecer la confianza. Mientras más pase el tiempo, va a ser más costoso. Pero a mi entender no está claro si el gobierno interpreta lo que está pasando”, concluye con preocupación Sandleris.

Fuente: Urgente 24

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