El País de los números

Hoy en día nuestro país se mide en números. Somos aproximadamente 45 millones de argentinos, nuestras reservas del Banco Central ascienden a más de 50 mil millones de dólares, la tasa de crecimiento es ya superior al 8% anual, la desocupación bajó al 6%, el sueldo mínimo es más o menos mil pesos, el índice riesgo país es de 380 puntos básicos, la tasa de mortandad infantil es tal, el índice de analfabetismo disminuyó esto, el PBI per cápita aquello, y miles de guarismos más que queramos mencionar. (Los datos especificados no son necesariamente reales, sólo son descriptivos).

Todo esto nos llega como información todos los días, por lo menos en mi caso estoy hastiado de tanto número.

Que sentido tienen estos números si no representan en sí mismo nada.

Cada vez que mencionamos números para calificar al país estamos descalificando a su gente. Nosotros no somos números, somos Pedro, Catalina, Sergio, Susana, José, etc.

Cuando hablamos de las reservas del Banco Central, éstas no tienen ningún sentido para el ciudadano común, pues a mi que cuernos me importa si tenemos 50 o 60 o 20 si nada ocurrirá con eso, (y si hacen algo a mi y a vos no nos hacen parte), si no se utilizarán para desarrollo social, nuevas fuentes de trabajo, créditos para los pequeños emprendimientos, mejores instrumentos de seguridad, mejor calidad de vida de los habitantes de nuestro país, mejor remuneración para los jubilados, más servicios de salud y mejores establecimientos educativos y la lista sigue interminable. En un momento junto al gobierno anterior, con bombos y platillos, festejamos que pagamos la deuda externa, 9 mil millones de dólares ¿Y Qué pasó distinto el día después? Nada.

En el diario se informa que el crecimiento del país superó el 8% y a nosotros qué si seguimos con los mismos problemas que cuando subía el 2 o bajaba el 4.

Allá por la debacle institucional de principios de siglo nos ametrallaban con el índice riesgo país, ¿Alguien entiende para qué nos decían todos los días si subía o bajaba?

Cuando se dice que la mortalidad infantil bajó de 2 a 1 y medio por mil no sería más importante decir que murió un niño que se llamaba Juan, Pedro o Juanita, aunque más no fuera por respeto. Y por supuesto hacer algo para que otro niño no muera.

Cuando decimos que la desocupación bajó uno o dos puntos, ¿hablarán de nosotros?, que somos contratados en negro o nos dan limosnas con los planes sociales para que nos tapemos las muelas cariadas con el poco alimento que se podrá adquirir con esa miseria.

De una vez por todas no quiero escuchar más números que lo único que hacen es despersonalizar el problema, adjudicárselo a otro, al precio internacional de la soja, de la carne, del maíz, o el petróleo. A las retenciones, a los piquetes, a los 35, 50, o 500 muertos en accidentes de tránsito.

De esta forma los intelectualoides de siempre en el gobierno o sus consultores, evaden el problema. Será la culpa de las matemáticas, che.

Las cosas por su nombre, nuestra sociedad se debe hacer cargo de lo que pasa, a nosotros los ciudadanos no nos tiren con maní, que no somos simios.

Qué importa si la inflación es del 1, 2, o 20%, si ayer con 100 mangos compraba algo y hoy no compro ni la mitad. De esta forma nos olvidamos de los responsables, de los formadores de precios, que siempre son NN, nunca sabremos quien hunde el país, así nos acostumbramos a que la miseria es cosa científica, y que algún iluminado del gobierno deberá analizar y con palabras complejas decirnos que sucedió. Basta saber que diga lo que diga nos seguiremos matando de hambre.

Cuando hablemos de educación quiero saber que Luisito, compañero de mi hijo no puede asistir al colegio porque sus padres no tienen ni para las zapatillas, cuando hablemos de jubilados quiero ver todas las caras tristes de los abuelos que forjaron un país para que una manga de delincuentes se lo roben, cuando hablemos de muertos en las rutas quiero saber quien es el responsable del tránsito, de los baches, de la educación vial, el que le dio el registro a Pepe, sin examen por algunos pesos.

En fin amigos, no quiero los números de la razón para tapar el olor a podrido que hace imposible respirar en nuestro país, quisiera ser yo mismo y todos los que habitamos este país ciudadanos razonables y con sentido común, y empecemos a olvidarnos de los números y acordarnos de que esos números tienen nombre y apellido, como lo tuvieron los desaparecidos del proceso y quisieron robarnos su identidad.

Saludos Sergio

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