El plato medio vacio

Vale recordar que un pobre es indigente cuando su ingreso no le alcanza para adquirir una Canasta Básica Alimentaria determinada por la cantidad de calorías necesarias para su reproducción biológica. En tanto es pobre a secas cuando el ingreso es insuficiente para adquirir la llamada Canasta Básica Total, que además de los alimentos incluye otros rubros como vestimenta, educación, transporte, recreación. Dicho de otra manera, la diferencia entre el pobre y el pobre indigente es que este último pasa hambre.

La citada disminución de la pobreza es un dato conocido. Visto especialmente desde la disminución del hambre se trata de uno de los principales logros de la actual administración. Sin embargo, superada la crisis, se vuelve necesario detenerse en tres puntos:

  1. La magnitud absoluta actual de la pobreza.
  2. Su evolución histórica de largo plazo.
  3. Su evolución futura.
  4. Como dato negativo se intuye la persistencia de una pobreza estructural, intuición que se completa con la observación de su perfil demográfico: no sólo existe una alta correlación entre pobreza y desempleo, sino también entre pobreza e informalidad laboral. Adicionalmente la pobreza afecta especialmente a la población más joven: el Cenda calcula que el 40,5 por ciento de los niños del país son pobres, lo que pone en primer plano el problema de su transmisión transgeneracional.
  5. El segundo dato preocupante es el regreso al centro de la escena de la puja distributiva vía inflación, punto que no requiere mayor detalle y consiste sólo en que los salarios crezcan por debajo de los precios. Sin embargo, la naturaleza de la inflación actual agrega un elemento a tener en cuenta: más allá de los problemas internos de mercados oligopólicos la inflación actual se explica especialmente por el aumento de los precios internacionales de los alimentos. Las retenciones como mecanismo de política económica sólo consiguen morigerar parcialmente el contagio interno. Ello ocurre en un mercado donde alrededor del 8 por ciento de la población urbana pasa hambre.
  6. Parece claro que reducir la pobreza significa esencialmente aumentar la ocupación junto a los ingresos reales. Desde 2002 se registraron avances en los dos aspectos, aunque a distinta velocidad. Si bien el PIB supera holgadamente al de 2001, los ingresos reales se encontrarían en el mismo nivel que dicho año.

    La paradoja es que no son los más de 3 millones de pobres que no acceden a una canasta básica de alimentos quienes hoy cortan las rutas, sino, por el contrario, quienes se encuentran en el extremo opuesto de nivel de ingresos.

     Por Claudio Scaletta

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