El primer DJ andrógino

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Towa es una rareza absoluta en las pistas de baile: es el único drag queen de la Argentina que trabaja de DJ. Es decir, el único que de día lleva una vida parejamente normal como varón, maquillando gente –entre ellas Natalia Fassi y Julieta Prandi–, y de noche se transforma en Towa, platinada, hechizante, vertiginosa, un ícono de la androginia.

“Una drag antes de ser DJ ha atravesado un largo camino en la noche”, la describe de cuerpo entero Sebastián Guajardo, creador de las fiestas del Club Namunkurá, donde debutó Towa –“somos como el teatro Maipo de las fiestas”– y también su padrino artístico, el hombre que vio en ella una promesa en el mundo de las discotecas y la hizo debutar en 2008. “Ginger lleva el ritmo de nacimiento, algo que no se dicta en ningún curso de DJ. Además, los DJ de la vieja escuela son amigos suyos y le han revelado sus secretos. En resumen, Towa sabe algo que el DJ promedio se niega a aceptar: el que manda es el público.

En pocas horas, Towa se vestirá de DJ y de reina drag queen con unas calzas doradas como estatuilla de Premios Oscar. Pero ahora se llama Elliot, tal es su nombre de documento, tiene las uñas pintadas de rojo vino tinto y viste remera de básquet de la selección mexicana con el número 10. Dice que llega tarde a la cita porque se demoró eligiendo la música para la fiesta en casa de un amigo. La primera noche llegó con cuatro compacts y fue un desastre. Ahora va preparada.

En la noche, Towa tiene estatura de leyenda. Un año atrás, bailó junto a Gloria Trevi en lo de Susana Giménez. Le pagan 250 pesos sólo por estar en una disco y saludar a la gente. Si está con ánimo, se sube al parlante y baila para la muchachada. Towa filmó publicidades de vodka, tequila y de Sprite. Y fue extra en una película junto a Peter Fonda, El cobrador, dirigida por el mexicano Paul Leduc. “Peter salía de un lugar medio borracho y yo tenía que decirle una frase: ‘You look like doing crazy things.’ Y él se iba como espantado. Pero nunca vi la película. Un amigo me dijo que, al final, quitaron nuestra escena. Así que si la querés ver, la vas a tener que buscar en los extras entre los descartes.”

En las pistas, cuando sube a la cabina, se parece a Sandra Ballesteros. Aquí, tiene un raro aire oriental adolescente, amante del skate. “Todo el mundo me dice que parezco japonés. En verdad, mis dos abuelas eran aborígenes. Una venía de una tribu de Chaco, otra de Jujuy. Ahora, no me preguntes cuáles. Me matás.” La madre murió cuando era chico. Su padre trabaja en la administración general de puertos. Desde 1993, Towa empezó a vivir una doble vida como mujer. “Tengo una relación divina con papá. No digo que esté orgulloso de lo que soy, pero al menos, no me dice nada.”

Elliot tiene gestos femeninos, pero bajo las mejillas asoma una barba de varios días. “Una vez, la llegué a tener por acá –hace un gesto hacia el pecho–. Parecía Fidel Castro.”

Por ahora, Towa es un DJ joven, prometedor, que ya se codea con los grandes, a fuerza de pasar una música a la que él llama netamente “maricona”. “Yo paso los hitazos de cuando iba a bailar a Bunker. Ésa es la música maricona para mí. Tengo una mente muy femenina. Qué querés: a los hombres no los entiendo, me gustan. La gente se acerca a la cabina para decirme: ‘No te puedo creer, ¡qué buenos tiempos, nena!’.”

Towa, bautizado así por un célebre DJ oriental de la banda Dee Light, es una rareza no sólo por lo que usted ya sabe, además, su comportamiento en las cabinas es fruto de cierta extraña espontaneidad. “¿Cuáles son mis bandas favoritas, querés saber? Dejame pensar. Uh, qué pregunta difícil. A mí me gusta la música medio bizarra, un poco de latino. Pero no me acuerdo los grupos.”

“Towa no es un DJ de biblioteca”, explica la Negra, su roommate. “No esperes que te responda como los demás.”

Towa tarda un promedio de hora y media en montarse como mujer. “Si lo hago tranquilo, ponele tres horas. La primera vez que me monté tenía 16 años. Y no me gustó porque llevaba ropa prestada. En la segunda ocasión, me puse peluca violeta y plataformas de madera. Fue para el aniversario de la disco El Cielo. Era una diosa.”

Pero ser DJ es un trabajo exigente y a veces pecar de coqueta tiene sus contras. “Empiezo a mirar cómo estoy y me olvido de la música. El otro día, me estaba arreglando el cinturón porque se me caía el pantalón y cuando me quise acordar, ¡se había terminado el tema! Esa noche tuve todos los baches del mundo. ¡Dios mío: así de la Creamfields no me van a llamar nunca!”

Fuente: www.criticadigital.com

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