El tren que no llegó,el niño que tiene cáncer

En el terraplén, sentadas en uno de los bancos, Romina Salazar, de 21 años, y María Fleitas, de 26, custodiaban con celo a un niño que, se notaba, tenía frío. “Eran las 6.30 de la mañana cuando estábamos por llegar a la estación Castelar. El tren se frenó y empezó a salir humo del piso, no se abrían las puertas, fue desesperante. Así que rompimos un vidrio y sacamos al chico por la ventana”, dijo Romina.

“Eduardito tiene un quiste en el hígado, es cáncer. Hoy le tenían que hacer unos estudios en el Garrahan para ponerlo en lista de espera para un trasplante. Perdimos el turno, ahora hay que ver para cuándo nos dan uno de nuevo”, agregó María.

Fueron parte de los miles de usuarios afectados por los desmanes. Luego del caos, la estación de Castelar mostraba los vestigios de lo que entre las 6.45 y las 10 fue “una batalla campal”.

Ambulancias, coches de bomberos, móviles policiales, periodistas y los 150 hombres de la guardia de infantería dispuestos en el perímetro de la estación eran los objetivos predilectos de los curiosos que sacaban fotos y filmaban con sus celulares. En medio de las vías se podía ver uno de los vagones incendiados. En la explanada de la estación una máquina de boletos yacía en el piso vacía. “Esto tenía una CPU y un monitor, no hay nada”, dijo un señor que pasaba instruyendo a otro.

“Un desastre” Sergio Omar, de 26 años, también viajaba en ese tren porque debía hacer unos trabajos de mantenimiento en el microcentro. “A eso de las 8, la gente se impacientó porque no pasaba otro tren, entonces un grupo de locos empezó a tirar piedras y la policía les tiró con balas de goma. Un desastre. El mal servicio no justifica esto, pero cuando uno piensa en el tren bala parece que nos toman el pelo”, dijo.

“No fue desmedido el operativo policial que realizamos juntamente con la Policía Federal. Los heridos fueron sólo 8 y tienen lesiones por piedrazos y heridas al haberse bajado por las ventanas de la formación que se prendió fuego”, dijo a LA NACION Fabio Perrone, jefe de la policía distrital de Morón .

A las 11, ya todos los pasajeros varados habían vuelto a subir al andén. “Salí de mi casa a las 6, tengo que llegar al trabajo a la hora que sea”, dijo Sabrina Vásquez, de 27 años, que todos los días viaja de Padua a Once y de allí a San Telmo. “Es imposible subir a un colectivo.” En los alrededores se veían largas filas en las paradas.

El tren que debía haber estado en la terminal a las 7.30 llegó, finalmente, a las 13.05. Ocho empleados de TBA se encargaron de entregarles a los pasajeros un “certificado de atraso de trenes”. También se les facilitó un número de teléfono al que podían llamar para arreglar la forma de pago de un resarcimiento de $ 50.

Al cierre de esta edición, los trenes salían de la estación Plaza Once con sólo unos minutos de retraso. De todas formas, más de 30 policías custodiaban los andenes para evitar nuevos disturbios.

Fuente: www.lanacion.com.ar

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