En el Aconcagua no se respetan las normas internacionales de seguirdad

Los rescatistas no contaban con los insumos necesarios. No llevaban camilla ni tubo de oxígeno para asistir al guía accidentado y a ellos mismos, como exigen los protocolos. Podrían quedar imputados.

Como casi todas las tragedias argentinas, la del cerro Aconcagua también se podría haber evitado. Pero el equipo de rescate que subió a la cumbre de la montaña a intentar salvar al guía fallecido Federico Campanini no contó con los insumos elementales para realizar una evacuación exitosa. Contra toda lógica, en vez de seguir el procedimiento que establecen los protocolos internacionales de salvataje, los montañistas improvisaron sin camillas ni tubos de oxígeno –algo sumamente extraño–, sin tiempo, agotados, presos de la desesperación y en medio de pésimas condiciones climáticas. Se entiende, entonces, que el desenlace haya sido fatal.

La Justicia determinará ahora qué responsabilidad les cabe. Pero lo que queda en evidencia es que el Parque Provincial Aconcagua es una metáfora agreste de Cromañón. Si el boliche del Once carecía de salidas habilitadas de emergencia, la montaña más alta de América, jurisdicción del Estado argentino, no tiene organizado un sistema de rescate a la altura de sus exigencias. Eso se desprende de las consultas hechas por este diario a guías y especialistas del andinismo.

Existe un modelo de protocolo de rescate diseñado por la Unión Internacional de Guías de Montaña que luego se adapta a las características generales de cada lugar. No es lo mismo salvar a un accidentado en la Patagonia que en la alta montaña mendocina.

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