Fernando Cáceres no se puede defender¿Por eso hablarán así?

ARMANDO ÁLVAREZ – VIGO La tragedia no beatifica a sus víctimas. Nada tiene de heroico el entubado de hospital. La bala ha transformado a Fernando Cáceres en un moribundo. Es una cuestión física, de huesos y tendones. Seguramente le asquería verse convertido para los papeles en un ángel bondadoso. Nunca lo fue ni presumía de ello. Las elegías de saldo simplifican al que pretenden ensalzar. Cáceres se define por sus virtudes y sus defectos, si es que una vida se resume en calificaciones morales. El “Negro” es complejo, como todos pero más, porque ha sido hombre de extremos: juerguista, mujeriego, pendenciero; y a la vez honesto, generoso, bravo. Así se le recuerda en Vigo.
Construyó su carrera sobre su inteligencia táctica y su astucia en el combate cuerpo a cuerpo con el delantero. Que tal pericia coincidiese con sus habitos desnortados es más usual que paradójico. La cancha es un universo especial, con reglas propias. El futbolista en poco se parece al ser humano que lo interpreta. Si acaso, su lectura precisa del fútbol se convirtió en un lastre para el colectivo en sus estertores, cuando disfrazaba sus fallos. Un epílogo que no empaña una trayectoria brillante.
Cáceres triunfó casi siempre en sus equipos. Compañero de generación de Redondo, maravilló en el Zaragoza, tuvo un paso fugaz por Boca y Valencia y se asentó en el Celta. En el Córdoba escribió una gris despedida de Europa para completar el ciclo en Argentinos Juniors, donde había comenzado. Vistió la albiceleste, por supuesto.

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O así?.

Hagan leña del árbol caído.

Si Dios lo acompaña se levantará para pedirles explicaciones. Ahí mostrarán de qué están hechos!

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