Fobias en niños y adolescentes

Se dice que en el mundo cerca del 28% de la población sufre algún trastorno de ansiedad y que la cifra de la Argentina es similar en los últimos años, cuando se pasó de 3% en 2000 a 14% en 2007, producto de “la inseguridad social, la incertidumbre generalizada, la violencia y el estrés”, indicó un estudio de Fobia Club.

Sin embargo, mientras que en otras épocas estos trastornos no eran tratados de manera adecuada y rara vez se les hacía un diagnóstico preciso, ahora la cuestión está cambiando. De hecho, al ser entendidos como patologías, los trastornos de ansiedad comienzan a tratarse a edades tempranas y, si bien tienden a ser crónicos, el pronóstico es alentador.

Así lo señaló Gustavo Bustamante, vicepresidente de la Fundación Fobia Club, quien dijo que “antes, cuando aparecía la taquicardia, iban al cardiólogo sin saber que padecían un trastorno mental. Ahora empezaron a reconocer las patologías más tempranamente, por eso aumentó el diagnóstico“.

A su vez, se dice que estos trastornos en los jóvenes y los niños son producto de las exigencias de la sociedad. “La emergencia de la angustia en esta etapa (la adolescencia) se debe a la estructura social de la Argentina. El trabajo y los estudios implican una demanda desmedida a la que el adolescente no sabe poner límites . Es ahí cuando falla en su rendimiento y se angustia”, explicó Rolando Imperiali, director de Libertad sin Miedo.
 
Por su parte, Bustamante también resaltó los problemas en la primera juventud ya que “los trastornos aparecen cuando se empiezan a valorar las circunstancias. Es el caso de los nuevos profesionales que siendo muy jóvenes tienen personas a cargo en grandes empresas. Pueden sentir que la situación los sobrepasa, se colman de dudas y comienzan a preocuparse de no poder sostenerlo”.

Aparece una toma de conciencia de la posibilidad de morir, por eso muchos cuando tienen un hijo empiezan a cuestionarse si podrán estar siempre. Eso puede llevarlos a extremar sus cuidados personales y hacia los otros“, agregó.

Sin embargo, los jóvenes y adolescentes no son los únicos afectados. Mónica Peisajovich, psicóloga especialista en lactantes y niños, dijo que “el chico no para, le cuesta adaptarse, tiene insomnio, sueños terroríficos. Solían confundirse y diagnosticarse como trastornos de hiperactividad o déficit de atención (ADD) cuando ahora se sabe que lo que tienen son trastornos de ansiedad y crisis de pánico” por las presiones escolares.
 
 
La importancia de la detección temprana
Un estudio de Fobia Club, realizado a 3.700 personas, descubrió que, del 67% de los pacientes que comenzó otros tratamientos, la mayoría obtuvo diagnósticos erróneos, mientras que la mitad fue medicada pese a no tener diagnóstico.

Afortunadamente, señaló Bustamante, “los trastornos de ansiedad tienden a ser crónicos pero tienen buen pronóstico. En la terapia se les enseña a tolerar la incertidumbre, la espera y la sensación de tener que controlar todo y a corregir ciertos hábitos como chequear permanentemente si le pasó algo a alguien”, según publicó el diario Clarín.

  Fuente: www.infobae.com

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