Irradiación de alimentos, un método de conservación que comemos sin saberlo

 

 

 

 

 

 

¿Comprarías patatas si supieras que han sido expuestos a “cantidades controladas de radiaciones ionizantes, generalmente electrones de alta energía u ondas electromagnéticas (radiación X o gamma)”? La industria cree que no, que los españoles rechazan todo lo que tenga que ver con el uso de la radiación en alimentos. Como la ley en este país exige que el etiquetado revele si un alimento ha sido irradiado, la consecuencia es que nadie usa esta técnica de conservación. Pero hay truco. Este etiquetado no se exige en otros países, tanto europeos como del resto del mundo, por lo que vía importación entran muchos productos irradiados que comemos sin saber que lucen tan incorruptos gracias a la radiación ionizante.

El proceso de irradiación (que no genera ninguna radiactividad, que quede claro) aporta muchas ventajas para la conservación de los alimentos. Según la cantidad de tiempo de exposición, se logran diferentes objetivos, como inhibir la reproducción de brotes en tubérculos, esterilizar parásitos en carnes evitando infecciones como la triquinosis, retardar la maduración de frutas y verduras llegando a triplicar su vida útil, eliminar los agentes causantes de enfermedades como la salmonelosis, etc.

Según Magdalena Gálvez, profesora titular de la Facultad de Veterinaria en la Universidad Complutense de Madrid y colaboradora del Foro Nuclear, “ionizar es quitar el último electrón y ello interrumpe la duplicación de la cadena del ADN, con lo cual si el alimento tiene un hongo, una salmonela, o cualquier bacteria que lo infecte se inhibe la posibilidad de que esos microorganismos se dupliquen. Otro efecto es que mata las enzimas de la germinación, con lo cual hay vegetales como las patatas o las cebollas que se conservan muchos meses sin que les salgan raíces”.

Resumiendo, las principales ventajas que aporta la irradiación al sector alimentario son:

  • Casi no destruye ningún nutriente (la pérdida podría compararse a la que sucede con la cocción).
  • Permite la conservación de productos difíciles de esterilizas por otros métodos (especias y frutos tropicales).
  • Alarga la vida del producto.
  • Consume mucha menos energía que la esterilización por calor.
  • Permite la esterilización de alimentos envasados con diferentes materiales.

Entonces, ¿por qué no está generalizada la irradiación como método de conservación, tal y como sucede con la pasteurización? El rechazo de la sociedad a todo lo que tenga que ver con la radiación es la principal causa, pero no hay que obviar que hay otros contras que objetar:

  • Puede enmascarar el mal estado de algunos productos.
  • Las dosis técnicamente seguras no destruyen todos los microorganismos y enzimas.
  • Se modifica el color, olor y sabor de algunos productos debido a la producción de nuevos compuestos químicos.

¿Son suficientes estos inconvenientes para obligar al etiquetado? Al tiempo que previene perjuicios sanitarios de forma efectiva, con la irradiación resulta sencillo engañar a los consumidores ofreciendo productos de baja calidad con aspecto lozano. Por ello, parece razonable que se etiquete. Pero si se permite la importación de países donde no se etiqueta, la medida pierde utilidad, el coladero es de dimensiones bíblicas y la ley sólo perjudica a las empresas nacionales, que no pueden aprovecharse de la irradiación para alargar la vida útil de sus productos.

Fuentes:
Eufic

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