Kirchner vs. Kirchner: internas de alcoba

La Presidenta estaba furiosa. “Por favor, bajen al recinto, que me están haciendo pasar vergüenza”, le dijo por teléfono a Agustín Rossi, el jefe de los diputados oficialistas. Néstor Kirchner, su marido, que ese jueves 3 de diciembre debutaba en su banca del Congreso, continuaba atrincherado junto a la tropa en el despacho de la presidencia de la Cámara baja, en el tercer piso. Había dado la orden de no ir al recinto para impedir así que la oposición tuviera quórum para iniciar la primera sesión. Pero el quórum igual se logró, y Kirchner seguía sin ceder. Cristina, que seguía la insólita situación por tevé desde la Casa Rosada, era consciente del papelón.

Rossi, el encargado de negociar en nombre del matrimonio presidencial, momentos antes había acordado una derrota digna frente a la nueva mayoría opositora –la presidencia de Diputados quedaría en manos del kirchnerismo, y tendría una minoría ajustada en las comisiones del cuerpo–, pero al ex presidente nada de eso lo convencía. Entonces, el jefe de los diputados K llamó a Cristina en busca de auxilio: “Tenés que hablar con Néstor, yo no puedo hacer nada”, le imploró, y ella repitió: “No me hagan pasar vergüenza, bajen ya al recinto”.

Rossi transmitió la contraorden a Kirchner, que se sintió desautorizado. El diputado raso enseguida llamó a la Presidenta, que estaba reunida con el titular del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno. “Discúlpeme, es Kirchner”, se excusó ella ante el visitante y abandonó el despacho con el celular en la mano. “Si no lo atiendo, se me pasa a la oposición”. Bromeaba, pero no tanto.

Lea la nota completa en la edición impresa de la Revista Noticias.

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