La cacerola: algo más que una arma de protesta

Lo ocurrido el lunes 16 de junio de 2008 parece haber consolidado un hito importante en la forma de manifestación pública en Argentina, el cacerolazo, que ya comenzó a insinuarse hacia fines del 2001, cuando cae el gobierno de De la Rúa. Aquel día, hacia las 20 horas, la protesta comenzó en la ciudad de Gualeguaychú, extendiéndose rápidamente a diversos barrios de la ciudad de Buenos Aires (comenzando en los barrios de Belgrano y Barrio Norte), a Quilmes, Tigre, Córdoba, Mendoza, Chaco, etc.

1) No fueron manifestaciones de partidos políticos: golpearon las cacerolas peronistas, radicales, independientes y simples ciudadanos codo a codo, y hasta se vieron padres con sus hijos. No se exhibieron banderas políticas sino la bandera argentina. Ocasionalmente se infiltró algún que otro provocador, pero fue rápidamente neutralizado por los mismos manifestantes.

2) Aunque al parecer hubo una convocatoria que se transmitió a través de mensajes electrónicos vía mail y sms, no fueron manifestaciones programadas sino espontáneas, que fueron propagándose de barrio en barrio, ciudad en ciudad, provincia en provincia hasta tener alcances nacionales.

3) No fueron protestas para tomar el poder ni para derribar otro, sino principalmente para clamar para que los centros de poder (el gobierno y el campo en particular) lleguen a una solución a través del diálogo, porque el conflicto los afectaba a todos por la amenaza real del desabastecimiento. Antes las cacerolas se usaban para prepara la comida. Hoy también se usan para protegerla.

4) No hubo en general pancartas que suministraran pistas sobre los motivos de la manifestación. Los sondeos callejeros del periodismo, en general mostraron la necesidad que se solucionen las cosas, no que renuncie el gobierno ni abandone el campo sus protestas.

5) La forma de protesta fue pacífica, y no fueron solamente cacerolazos sino también apagones y bocinazos, y la gente protestó tanto desde la calle como desde las casas. El predominio de manifestaciones sonoras sugería que la gente quiere hacerse escuchar porque siente que las palabras no bastan.

La opinión popular, otro de los centros de poder, parece estar fortaleciendo su capacidad de autoconvocatoria. Ya no sale el pueblo convocado por el partidismo político: ahora sale la población en su conjunto porque las cartas de los lectores, los grafittis, los blogs, los entes regulatorios, los organismos de defensa del consumidor, y, en general, las palabras, si bien necesarios, no son suficientes para ejercer presión cuando los conflictos se agudizan amenazando con paralizar la economía y vaciar los bolsillos de la gente.

La cacerola es algo más que un arma de protesta: es una nueva forma de manifestación popular, que pacíficamente pudo derrocar gobiernos y puede amenazar con producir fisuras en los centros tradicionales de poder y, en particular, dentro del partido gobernante: de un lado, en aquel 16 de junio, parecieron están quedando el matrimonio Kirchner, Luis D’Elia y sus seguidores, y del otro la CGT conducida por Moyano y algunos gobernadores e intendentes, antes seguidores de los Kirchner, que veían amenazado su prestigio político y el apoyo de la población.

Pablo Cazau. Junio 2008.

Fuente: www.igooh.com.ar

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