La criatura no me pega el estirón

(8 de diciembre) Como cada fin de año, el boludón del Caio se desespera para medirse contra el arbolito de Navidad. Es lo único que le importa de las Fiestas… Resulta que el Zacarías le hizo una promesa en diciembre de 1998: “Cuando seas más alto que el arbolito te compro una moto”, le dijo, y desde entonces lo tengo al Caio rompiendo las guindas todos los años, desde septiembre, preguntando “¿ya es Navidad, ya es Navidad?”. Esta mañana saqué todas las cajas del ropero y pusimos el arbolito y el pesebre en el hall. Y ya estaba el bolastriste con el metro en la mano… Se midió y nada: el chico no nos crece. El año pasado igual. Está clavado en la bola roja de la segunda rama, y de ahí no sube ni peinado con jopo. El pobre se midió con toda la esperanza del mundo, y cuando vio que no llegaba, se fue a fumar porro al garage, como siempre que la felicidad le da la espalda.

—Malas noticias, viejo: el Caio sigue siendo más petiso que el arbolito —le dije esta tarde al Zacarías. Y el pelotudo del padre, en vez de preocuparse por la enfermedad de la criatura, se puso contento porque no tenía que comprar una motoneta. “¿Solamente pensás en la moto, egoísta de mierda? ¿No te preocupa tener un hijo enano?”, le digo. Y me dice que mucho peor es tener un hijo enano reventado contra un poste. En eso tiene razón.

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