La depresión de Mike Tyson

La imagen es la de un hombre abatido. Lejos quedó esa mole de músculos y mirada de fiera, que parado en el ring parecía invencible. Hoy sus ojos están apagados, sólo dejan traslucir tristeza, dolor. Es que Mike Tyson está pasando el peor momento de su vida.

Desde la muerte accidental de su hija de cuatro años Exodus, que se asfixió con una cuerda mientras jugaba en la casa de su madre, el ex campeón del mundo busca un giro, una luz en su vida para superar la tragedia.

“Me dijeron que el dolor nunca se va, pero que se supera. Estoy en ese proceso, tratando de sanarme. Ahora estoy en una etapa de negación, porque no sé cómo manejarlo… no sé qué hacer… no sé qué decir. Sólo agradezco a todos los que me están apoyando”, dijo en declaraciones al programa “Entertainment Tonight”.

En ese proceso, Tyson está abocado a una nueva actividad: iniciar una carrera como actor como parte de la “terapia” y de poner un foco. “Realmente me estaba viniendo abajo por lo de mi hija. Me estaba quedando en casa, deprimido. Es un momento oscuro Eso me tiene funcionando como un ser humano saludable.”

Con 43 años, la vida del ex boxeador fue caótica. Nacido en los barrios bajos de Brooklyn, su madre tuvo que hacerse cargo de la familia cuando su padre los abandonó. Él tenía sólo dos años. Se hizo a los golpes: los chicos se burlaban de él por su constante ceceo al hablar. Luego comenzaron los robos y la detención en institutos de menores.

Con 13 años y 38 detenciones, comenzó a entrenar boxeo en el Centro Tryon. Allí descubrieron sus habilidades boxísticas. A los 20 años contaba con su primer título mundial, así se convirtió en el boxeador más joven en ser campeón del mundo. Pero su vida continuó siendo un caos: estuvo cuatro años presos, y su vuelta a competir por el título mundial fue un escándalo cuando le arrancó de una mordida un pedazo de oreja a su oponente, Evander Holyfield.

Exodus era uno de los seis hijos que tuvo con diferentes parejas. Pero, poco después de su muerte, Tyson se casó por tercera vez con su novia Lakiha Spicer –que no era la madre de la pequeña, sino una pareja posterior-, en un nuevo intento de poner cierta normalidad a su existencia.

Estoy trabajando para intentar dejar atrás esto. Hablé con mucha gente, pero es difícil. Pasé a ser miembro de un club exclusivo del que nadie quiere ser miembro”, relató en alusión al pozo depresivo en que se encuentra, una oscuridad lejana a los focos y los aplausos. Nada de eso parece poder tapar la tragedia de su pequeña hija.

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