La epidemia silenciosa

Si un avión repleto de pasajeros se cayera en la Argentina todas las semanas sin dejar sobrevivientes, o se produjera una tragedia de Cromañón con la misma frecuencia, toda la sociedad se alarmaría. Sin embargo, una cifra similar de personas muere cada siete días sin que el Estado advierta la gravedad de la estadística y ejecute políticas públicas para prevenirlo. Se calcula que unos 40.000 argentinos pierden la vida cada año a causa del trauma, “la epidemia silenciosa y negada de este siglo”, como la califican los especialistas.

Aunque popularmente se los denomina accidentes, para el doctor Gustavo Tisminetzky, jefe de la Unidad de Urgencias del Hospital Fernández y ex presidente de la Sociedad Argentina de Trauma, “los accidentes no existen, porque siempre está presente el factor humano, y todo lo que puede evitarse no debe ser considerado accidental”.

La mitad de estos hechos son intencionales –asesinatos, suicidios–, mientras que el otro cincuenta por ciento no lo son: choques, accidentes aéreos, catástrofes naturales y sociales, lesiones por descuidos domésticos, entre otras causas. Hay otro dato que genera aún mayor preocupación entre los expertos. Por cada persona que muere a causa de un trauma, tres quedan con lesiones invalidantes de por vida. “Esto representa unos 120.000 pacientes que requieren de una atención médica y contención familiar, con todo el costo económico y social que eso conlleva”, dijo Eduardo San Román, especialista en Terapia Intensiva y presidente del Congreso Argentino de Patología de Urgencia, Emergentología, Trauma y Cuidados Críticos, que finalizó ayer.

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