La fobia a las vacaciones, un mal de época

Ablutofobia es la primera palabra del diccionario de fobias, y es el miedo a bañarse o lavarse. Zoofobia es la última, y expresa el temor a los animales. En el medio, más de 500 términos que definen el pánico ante distintas cosas. Y ahora, hay que agregar uno más: porque cada vez más personas sufren de “fobia a las vacaciones”, según un relevamiento realizado por la Red Sanar, una ONG dedicada a la asistencia de los trastornos de ansiedad.

“Si bien para muchos el período vacacional es un momento para desconectarse de la rutina y del estrés, para otros es sinónimo de angustia y depresión. El cambio brusco que significa pasar del trabajo intenso a la inactividad les provoca un miedo irracional que no pueden controlar”, explica Roberto Ré, psiquiatra y director de Red Sanar.

Los especialistas aseguran que esta tendencia va en aumento, que en un mundo sobreestimulado como el actual es difícil disfrutar de “hacer nada”. “Cada día la gente necesita estar más ocupada porque en esta sociedad sólo hay tiempo para el negocio y el consumo”, dice la psiquiatra Graciela Moreschi. Lejos, muy lejos, quedó la “buena reputación” de la que gozaba el ocio en la Edad Antigua. “Los griegos decían que para poder reflexionar había que dedicar tiempo al ocio. En esa época, lo que era mal visto era la actividad”, agrega Moreschi, haciendo un poco de historia.

Los adictos al trabajo -conocidos como “workaholics” o “trabajólicos”- son los más propensos a sufrir este trastorno. “Vengo porque todos mis amigos dicen que sólo trabajo, trabajo y trabajo y que nunca tengo tiempo para encontrarme a tomar una cerveza, que no salgo de vacaciones”, dijo Antonio apenas ingresó en el consultorio de una psiquiatra. Otro paciente llegó por un cuadro de estrés y pronto confesó que hacía tiempo que no se tomaba vacaciones. Según él, su trabajo requería de una atención personalizada y no podía delegar tareas. Dijo, incluso, que los fines de semana se aburría, que eran “un plomo”. Y en el verano dejaba a su familia en la Costa y regresaba a Buenos Aires para seguir con sus actividades.

Es que para este tipo de personalidad, descanso es sinónimo de holgazanería. Y se aferran tanto a la regla de que “el tiempo es oro”, que no toleran que ni un minuto de sus vidas sea improductivo.

Pero cuando finalmente llega ese minuto, vienen los problemas. “Las personas que se apoyan tanto en el trabajo suelen velar otras cosas que aparecen cuando se cae la rutina laboral. Las vacaciones pueden ser un tiempo propicio para que surjan las preguntas sobre el futuro, lo cual genera ansiedad y depresión”, dice la licenciada Paula Ferder, de Psicólogos en Red.

Para evitar el tiempo libre que lleve a la reflexión, muchos pasan años sin tomarse vacaciones. Otros las toman, pero las “hiperprograman”, llenando su agenda de actividades para que no quede ningún vacío. Y otros siguen conectados a las obligaciones a través del e-mail y el celular. “En estos casos, la tecnología no ayuda. Las personas siguen trabajando aún de vacaciones. Es lo que se llama ‘tumor informático'”, dice el doctor Oscar Carrión, presidente del Fobia Club.

Así, las vacaciones no surten el efecto esperado. “Algunos vuelven peor de lo que se fueron. Llegan cansados, contracturados, con ansiedad y dificultades para dormir”, asegura el doctor Enzo Cascardo, del Centro de Investigaciones Médicas en Ansiedad.

La clave, dicen los expertos, pasa por encontrar una compatibilidad entre la responsabilidad y el disfrute a lo largo de todo el año. “Quien logra ese equilibro, tolera mejor el período de vacaciones porque los interrogantes se van dosificando en distintos momentos”, opina la psicóloga Tamara Lizevsky.

Algunos cuentan los días como presos para la llegada de las vacaciones. Otros, aunque parezca mentira, les temen y quieren evitarlas. El mundo de las fobias parece ser infinito: “Hay tantas como capacidades tiene el hombre para relacionarse con el medio ambiente”, sentencia el doctor Ré.

Fuente: clarín


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