La monja trucha que visitó a Sandro en el sanatorio

Rosa Gloria Nogales Cortez. Una fan de Sandro se vistió de monja y pasó una tarde con él. Vino de Jujuy decidida a ver a su ídolo y lo logró. Sandro y su esposa no se dieron cuenta de su disfraz.

El último 7 de febrero, una seguidora de Roberto Sánchez, “Sandro”, fue a tocar timbre a la casa que su ídolo tiene en el barrio bonaerense de Banfield. “Soy una hermana que vino especialmente de Salta a hablar con Roberto. Por favor, déjenme pasar, vengo a dejarle un mensaje”, imploró con voz suave por el portero eléctrico. Estaba disfrazada de novicia y, haciéndose pasar por monja, entró. “Olga (Garaventa, la esposa de Sandro) se acercó a la puerta y al verme se quedó como estupefacta. Me dijo: ´Ay, hermanita…´. Yo por dentro me estaba muriendo, pensaba: ´Dios mío, estoy mintiendo ¡y con este hábito estoy blasfemando!´. Me dejó entrar porque me confundió. Hace poco viajó a Salta, fue a pedirle a la Virgen del Cerro por la salud de Roberto y como ella estaba esperando novedades de una persona de allá, pensó que yo tenía que ver con eso… Logré ver a Roberto, estuve con él un buen rato y hasta lo pude abrazar”, cuenta la “novicia rebelde” que descubrió Semanario. Se trata de Rosa (sí, Rosa) Gloria Nogales Cortéz, una trigueña de 46 años que nació en la provincia de Salta y vive en Jujuy, donde es preceptora en un colegio secundario.
Dame fuego
Según Cortéz, cuando Sandro (delgado y en pijamas) apareció caminando lentamente en el hall y se sentó al lado de “la hermana Rosa”, su corazón ardía. “Al principio estaba tan nerviosa que no lo podía ni mirar. Aparte estaba compenetrada en el papel de monja, orando. Le agarré la mano y noté que no tenía el anillo que usó siempre en el dedo meñique… Le dije: ´Que Dios y la Virgen te otorguen fuerza´. Se quedó callado porque se le estaba por terminar el tubo de oxígeno. Entonces apareció Olguita y le hizo cambio del tubo.” Es que el cantante de 63 años tiene un efisema pulmonar (enfermedad que adquirió por haber fumado durante décadas), y ahora su vida pende de un hilo, más precisamente, de un trasplante cardiopulmonar.
“Tiene miedo porque los doctores le explicaron que debe cuidarse mucho de los gérmenes”, revela Rosa. Y sigue: “Me contó que ahora su vida depende del INCUCAI (Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación y Transplante), me dijo: ´Tal vez porque estoy internado en mi casa no me dan tanta bolilla, pero prefiero estar acá porque si me internan de nuevo (en 2005 estuvo internado 164 días) me vuelvo loco. A mí el barbudito ya me quiere arriba. Pero quién sabe, tal vez me vaya para abajo…´”

Tú me enloqueces
Rosa es una mujer humilde, pero no quiso visitar a su ídolo con las manos vacías. “Le llevé un libro de poesías, un rosario de pétalos de rosa que hacen en un monasterio de carmelitas descalzas de Salta y un escapulario de la Virgen del Carmen, al que Olga colgó inmediatamente del cuello de su marido. Él me agradeció y me dijo que menos mal que no le llevé una Biblia porque ya le regalaron como trescientas.”
Entonces sucedió algo insólito: el velo blanco que Rosa tenía en la cabeza comenzó a ceder hasta irse al piso. La situación era irremontable. Su traje de monja (que en realidad era un disfraz de novicia para despedidas de soltera recauchutado), estaba deshaciéndose. Sin embargo, Rosa salió del paso con simpatía. “Dije: `Ay Roberto, hasta el velo de las monjas hacés caer´, como dando a entender que no sólo hace caer los calzones de las fanáticas. Los dos se mataron de risa”, relata Cortéz.

Embrujo de amor
El motivo de semejante puesta en escena no fue estricto fanatismo. De hecho, la salteña asegura que no es fan de Sandro sino seguidora del hombre que se esconde detrás del personaje. “Lo mío con él es como una unión de almas”, desliza mostrando la punta del ovillo. Rosa asegura: “A los 10 años tuve un sueño, un trance, una premonición… No sé bien qué fue, pero me vi flotando en el aire con las manos extendidas para salvar a un muchacho en moto que iba a chocar y morir.” Una semana más tarde, en el programa “Sábados Circulares”, Pipo Mancera presentó a un sujeto al que Rosa reconoció de inmediato: era el de su premonición. Mancera dijo que se trataba de Sandro, quien había salido ileso de un choque en moto.
Desde entonces, Rosa siente que su vida y la de Roberto Sánchez están unidas, que ella lo salvó. Pasó 36 años yendo a los recitales del “Gitano” con la intensión de contarle al cantante lo que le ocurrió de pequeña, pero nunca llegó a él. “Hace cuatro meses que tenía insomnio, sentía que tenía que contarle esto”, explica Rosa, quien cumplió su cometido camuflada con un hábito.

La vida sigue igual
La falsa novicia dejó la casa de Banfield manteniendo su personaje, pero al día siguiente –ya de civil- volvió. No podía con la culpa. “Al verme, Olga abrió la puerta de par en par, un signo de plena confianza que para mí fue una puñalada en el corazón. ´Te quiero decir que no soy monja´. Se lo dije así a quemarropa. Me vestí con hábito porque yo sabía que así podía llegar a vos y a Roberto, que era mi finalidad´. Le conté lo que me ocurrió cuando era niña y le pedí disculpas por haberlos engañado. Ahora rezo todo el tiempo por haber mentido así… Ojalá hayan visto que mi corazón fue sincero y que yo a Roberto lo quise ayudar porque si le salvé la vida una vez (con la moto), tal vez lo pueda volver a salvar ahora, que está muy mal.” Ay, Rosa, Rosa… u
Mariana Comolli

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