La sexualidad también entra en recesión

Eros y Afrodita están amenazados. No es sólo la inquietud por la estabilidad o la desjerarquización laboral; la proeza de poder llegar a fin de mes, inflación mediante; la incapacidad de ahorro o el consumo restringido. La incertidumbre económica y otras preocupaciones coyunturales que no dan tregua, como la inseguridad, los conflictos políticos o la propagación del dengue y la gripe A, dibujan una realidad sumamente tensa, que ha calado hondo en la sexualidad de muchos argentinos.

¿Cuál es la incidencia de este escenario agobiante en los dormitorios? ¿Se hace el amor más, igual o menos que en tiempos de bonanza y armonía? Esa fue la inquietud que La Nacion trasladó a los consultorios y centros especializados en sexualidad.

La respuesta fue tan unánime como concordante: el estrés derivado de la crisis socioeconómica anula el erotismo y vampiriza el deseo. Lo inhibe a tal punto que la frecuencia sexual decae, en promedio, el 50 por ciento, según estiman los especialistas.

Sus mediciones muestran que las relaciones sexuales promedio entre adultos argentinos son de una a dos por semana. Pero la falta de ganas, producto del desasosiego, reduce la actividad sexual de cero a una cada siete días. La contracara en lo que va de 2009, agregan los especialistas, ha sido el incremento del 30% en consultas a centros privados de sexología y del 15% en hospitales públicos.

A partir de ésta y de otras crisis más cruentas, como la de 2001, se observó que sus aristas más dañinas muestran que el binomio depresión-ansiedad (agazapado en sensaciones de orfandad, indefensión, baja autoestima o miedo a perderlo todo) desencadena disfunciones sexuales en hasta el 20% de la población afectada, según afirman los sexólogos.

“La crisis lo que hace es acentuar la fragilidad innata que tiene la sexualidad humana, que es altamente vulnerable a la inestabilidad, ya sea del hogar, personal o económica. Pero cuando la crisis no es individual, sino comunitaria, la sexualidad se torna mucho más complicada”, señala el doctor Juan Carlos Kusnetzoff, director del programa de Sexología del Hospital de Clínicas.

Según afirma, además del aumento de las consultas (70% son de hombres y 30%, de mujeres), 2009 trajo aparejadas en mucha gente una disminución de las relaciones sexuales y una acentuada pérdida del deseo, que es de lo que más se quejan las mujeres.

“Aunque muchas también lamentan la falta de espontaneidad en el sexo, que entienden como una capacidad de excitación menor o más lenta. Desconocen, sin embargo, que a medida que se envejece, se necesitan más estímulos directos. Hay que volver a ponerse de novios”, aconseja.

Para Kusnetzoff, la problemática en los hombres es más compleja. “Por su rol de proveedores, el agobio económico les produce una pérdida parcial o total de su capacidad eréctil y en otros casos se desata la eyaculación precoz -dice-. Lo que se debe atender es que, aunque la crisis luego desaparezca, si el problema no se trató clínicamente, tiende a perpetuarse.”

El doctor Adrián Sapetti, presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, explica que la presencia reiterada de factores estresantes aumenta en el cuerpo la producción de las hormonas cortisol y prolactina, depresoras de la función sexual. Y cuando esto se da en combinación con la reducción de las hormonas sexuales, como la testosterona y la DHEA, aparece lo que clínicamente se conoce como deseo sexual hipoactivo (falta de deseo).

“Pero, a su vez, aparecen también otras disfunciones muy comunes, como las eréctiles, y la anorgasmia en mujeres. Estos cuadros son, en ese orden, los motivos más frecuentes de las consultas”, señala.

León Gindín, titular de la cátedra de Sexualidad y Salud de la Universidad Abierta Interamericana, afirma que las consultas por la ausencia del deseo reaparecen cíclicamente desde la Guerra de Malvinas. Pero, desde el “corralito”, se multiplican en las clases media y alta.

“La aparición del antidepresivo Prozac o fluoxetina -dice- solucionó los problemas de angustia, pero, con su ingestión indiscriminada en tiempos de crisis, agravó los trastornos del deseo. Mi consejo, en la medida de lo posible, es dejar a un lado los psicofármacos y el alcohol, y no renunciar a la actividad sexual, ya que cuesta mucho recobrarla.”

Fuente:lanacion.com.ar

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