La trama secreta de la venta de un bebé por 1.500 pesos

Sólo atinó a lamentarse al confirmar la noticia de su embarazo. Pensó en las penurias económicas y en una familia numerosa que ya no podía sostenerse con los flacos ingresos de su pareja. Pero había otro dato que la atormentaba: el hijo que estaba gestando era producto de una relación extramatrimonial.

Cuando le ofrecieron desprenderse de la criatura a cambio de dinero, le pareció encontrar una salida conveniente. Así comenzó a gestarse en Pinto, 30 kilómetros al sudeste de Santiago del Estero, la historia de un posible caso de tráfico de bebé que hoy investiga la Justicia y que pone bajo sospecha a un centenario hospital donde no se registró el ingreso para parir de la mujer. Un detalle clave para los investigadores. Por eso, el hospital fue allanado esta semana.

Un matrimonio de Rosario que viaja seguido a Santiago para vender mercaderías fue el intermediario de la supuesta venta. El hombre es un ex policía de 61 años que fue exonerado a mediados de los ochenta por una causa de extorsión. Las visitas a aquella provincia le permitieron conocer al concubino de Liz Benítez, la mujer de 30 años que aceptó entregar al hijo. La oferta incluyó 500 pesos antes de dar al chico, otros mil después del parto, más traslados, estudios médicos y alojamiento en la propia casa de los gestores.

Otro matrimonio de clase media de Rosario, compuesto por un viajante y una maestra jardinera de 39 y 38 años, esperó 15 años para adoptar una criatura. Así lo indica el registro en el que se anotaron. Llevan ya 17 años de casados. Ellos, que juran haber pagado dinero como parte de una tramitación legal, se quedarían con el bebé, nacido el 6 de abril en el Hospital Provincial, uno de los principales centros de atención pública de Rosario.

En medio de una pobreza extrema, Benítez se arregla con las changas que hace su pareja para mantener a cuatro de sus cinco hijos. Uno ya no vive con ella. Las edades de los chicos oscilan entre los 2 y los 14 años.

Según declaró la mujer en sede judicial, en Santiago, a principios de enero los intermediarios la trajeron junto a dos de sus hijos para someterse a controles médicos. Permaneció 15 días en la casa de los gestores.

Ese primer viaje quedó registrado por la policía caminera de Santiago por una rencilla familiar. Benítez le envió un mensaje de texto a su madrastra para que cuide a los dos chicos que quedaban solos en la casa. Indignado, el padre de Liz denunció la situación ante la policía, que demoró la traffic en que se trasladaban a Rosario. Es otro elemento para comprobar la relación entre la madre biológica y los intermediarios de la maniobra.

A fines de febrero, acompañada esta vez por los cuatro chicos que tiene a su cargo, volvió a Rosario. Se realizó controles en un centro público y en una clínica privada. El 6 de abril ingresó al hospital Provincial para tener a su sexto hijo.

Los investigadores aseguran que el parto no fue asentado en el registro de ese hospital. También advierten que el parto fue provocado y que 24 horas después la retiraron del centro de salud –se habría encargado de ello la cuñada del ex policía– sin alta médica. Por lo general, luego de un parto natural, el alta se otorga a las 48 horas. Todo ello pone bajo la lupa la actuación del personal del Provincial.

El director del hospital, Pietro Belletich, inició una investigación interna. El funcionario cree que el circuito que se mueve alrededor de un parto, estima que unas 20 personas, hace difícil que se concrete el tráfico de un bebé. Pero reconoció a Clarín que existen “fisuras” hasta en los sistemas más seguros. “Donde interviene el hombre, siempre va a haber fugas”.

A la vuelta de ese lugar, la mamá biológica entregó a la criatura a la pareja adoptiva. Allí, de acuerdo al juez, le dieron los últimos mil pesos. La criatura continúa bajo la guarda de la pareja rosarina hasta que un tribunal de familia determine su destino.

De los trámites se encargó un matrimonio de abogados. Gestionaron la guarda para la futura adopción. El juez habla de “irregularidades delictuales” en esa tramitación. Ahora intenta determinar si pertenecen a una organización dedicada al tráfico de bebés o si pudieron ser engañados.

Miles de hombres y mujeres esperan años para poder adoptar legalmente. Sólo en el registro único de la provincia de Buenos Aires se inscriben unas 700 parejas por año; y en el de Capital alrededor de 300.

En tanto, hay miles de chicos a quienes se les pasa la infancia en un hogar de tránsito o en una institución a la espera de una familia adoptiva. Los tiempos se extienden más cuando las parejas no quieren chicos “grandes” o con problemas de salud. La mayoría busca adoptar bebés recién nacidos.

Fuente:clarín.com

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