La última columna de Neustadt

6 de Junio de 2008

A mis amigos y amigas,

No terminamos de asombrarnos y de aterrarnos: Daniel Scioli, el esclavo que completa la Santísima Trinidad, dijo: “con la comida no se jode”. ¿Néstor lo obligó a gritarle esta barbaridad a los que lo votaron?. Estoy convencido de que sí. La Señora es la dueña de “los pobres y de los Derechos Humanos”. Y va a la Iglesia con su cartera Vuitton. Un avión de Aerolíneas tenía que salir de Roma con 250 pasajeros. Lo retrasaron varias horas. Los pasajeros, que estaban en el aeropuerto, entienden que la demora fue por darle el avión a la Señora PresidenTA que volvía con su amor por los alimentos. Rompieron las instalaciones del aeropuerto de Roma. Aerolíneas desmintió. Es la interpretación. Yo creo que sí. Mienten tanto, que no le creo nada al Matrimonio Presidencial. Nacieron con la trampa en el alma. Quieren llevarnos a una Guerra Civil. Deben ser adictos a la SANGRE.

Estaba desayunando esta mañana en el Costa Galana cuando se me acercan dos señoras que me reconocieron y me preguntaron:
-Señor Neustadt, ¿el Matrimonio se quiere quedar con el país? BN – No. Se quieren fugar. De esto también estoy seguro. Argumentarán que la oligarquía no los deja gobernar, que querían trabajar por los pobres y se van con plata de los argentinos que les alcanzará para vivir diez vidas. En Munich o en Madrid. La tierra Argentina ya no es para ellos.

Bernardo Neustadt

PD: Ayer, en Coronel Vidal, unos chacareros detuvieron mi auto para entregarme un pequeño comunicado. Cuando me reconocieron, nació un gran amor recíproco. Hombres y mujeres apenas vestidos, con las manos callosas, me saludaron cariñosamente. Mientras, en la radio se escuchaba el aullido de Kristina con una de las tantas mentiras que tiene en su boca: “Si hace 90 días que hacen huelga es porque tienen plata” y Scioli insistiendo: “con la comida no se jode”. Tuve ganas de vomitar.
Les recomiendo hablar con sus hijos de este momento que vive el país. Hasta el lunes.

Pero no habrá lunes para Bernardo.

Estas son palábras del propio periodista extraídas de su biografía, aquí hace un balance (final?) de quién fue realmente y por qué:

Aposté a no tener ideología, no me acosté con la izquierda, ni coqueteé con la derecha. Me sentí bien. Me sentí libre. Pude ser muchas cosas. Me criticaron. ¿Si me equivoqué a veces? Sí, muchas. ¿Si acerté? Muchas, también.

Me gustó competir con mis pares. Me agradó ser reconocido pese a los silbidos de los envidiosos.

Me exigí. Y exigí.

Trabaje hasta el asombro. Me transformé en un fenómeno clínico; los médicos preguntaban: “¿cómo puede dormir sólo cuatro horas?”. Y jugar al tenis, ir a los espectáculos, hacer TV, radio, cable… escribir.

Lo hice con gracia. Con ganas. Con fervor. La gente me gritaba:”¡No afloje!”. Me di cuenta de que en la Plaza de Mayo no cabe el pueblo. Pero sí una persona que lee un libro.

Pensé que ya era exagerada mi profesión. Que cada programa, cada acto, me daba angustia y satisfacción de diez minutos cuando terminaba. Que no podía gozar de un instante porque estaba imaginando el siguiente.

Se me nublaron los ojos. Pensé en cincuenta y cinco años haciendo lo mismo. Me asusté. Y un día bajé las cortinas, me encerré en casa y le pedí a mi mundo silencios sonoros. Me reencontré con el pasado, pera también con el futuro. Decidí que voy a seguir soñando el último de mis días. Decidí admitir los afectos y no rechazarlos a cambio de trabajo. Quise saber cómo es tomar un café solo, pensando. Salir a pasear por la vida. Mirar a un chico sin apuro. Quise descubrir si la gente me quiere de vedad y no por lo que soy. Entonces, desde los más profundo de mi alma, desde mi fibra más íntima surgió un ruego: ¡No me dejen solo!

Extraido de su biografía “No me dejen solo”, editada por Planeta.

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