LAS GRUAS DEL ESCANDALO

La escena era estremecedora. Día 22 de junio, pasadas las 10 de la mañana, en Figueroa Alcorta y Pueyrredón. En la playa de acarreo es incesante la llegada de las grúas que traen autos supuestamente “mal estacionados”.

En la oficina de pago de “infractores”, un hombre llora implorando la piedad de una de las tres gélidas mujeres que atienden del otro lado del vidrio. Se llama Oscar Jorge y es de Lomas de Zamora.

Le faltan 20 pesos para llegar a los 190 que le exige la empresa para devolverle el auto. Desesperado, ofrece un grueso anillo de oro. Acaba de morir su mamá, Sofía Mister, y tiene que hacer los trámites para enterrarla. “Traje a mi mamá a las 6 de la mañana al Clínicas porque estaba muy mal, con cáncer.

Dejé el auto en la puerta del hospital, no sabía que había grúa porque casi nunca vengo a la Capital. Al rato falleció mi mamá. Salí para ir a mi casa a avisarle a mi familia y hacer los trámites, y no tenía la camioneta. Tengo 170 pesos –llora desconsolado–, me piden 190 y no tengo.

Mi mamá murió y no me quieren dar la camioneta. Les ofrecí dejar mi anillo, que vale más de 20 pesos, pero no quieren. Dicen que hable con el jefe”. Una de las mujeres, imperturbable, sólo atina a hacer un comentario por demás desubicado: “Acá a todos los que vienen recién se les murió alguien”.

Me acerco a Oscar, comienzo a grabar su desahogo mientras cuenta lo que le pasa, le saco fotos. Oscar no para de llorar, me muestra la billetera. Al observar la presencia de “Democracia”, las empleadas llaman al supervisor, Hugo Arias. Después de media hora de maltrato, le “perdonan” los 20 pesos.

Oscar sigue indignado: “Son una peste, esto es una porquería, es un abuso lo que están haciendo”, grita. Su mamá llevaba varias horas fallecida y su cuerpo esperaba en la morgue del hospital a que la empresa STO le devolviera la camioneta y él pudiera hacer los trámites en el cementerio. Patético pero real.

Horas después, “Democracia” encontraba la resolución más polémica del gobierno de Mauricio Macri de los últimos meses. El gobierno de la Ciudad selló un acta con las firmas STO y SEC por la cual estas empresas continúan prestando el servicio de grúas y parquímetros, pagando un canon de sólo 30.000 pesos mensuales. Esta suma es la que cada una de ellas gana en un solo día por concepto de acarreo de autos, sin contar parquímetros ni playas de estacionamiento.

Lo más escandaloso es que los consorcios ni siquiera pagan esa suma, ya que el acuerdo prevé que la Ciudad debe reintegrar a los concesionarios los aumentos salariales abonados por aquéllos desde el 1º de enero de 2009. Luego de ponerse al día estos reintegros, las empresas comenzarán a pagar el canon.

El contrato, firmado por el director general de Concesiones, Ezequiel Sabor, concede también, entre otros beneficios, la explotación de las preciadas playas de estacionamiento situadas sobre la avenida 9 de Julio, autorizando el cobro de 190 pesos por acarreo, 26 pesos por día de estacionamiento del auto secuestrado, y 1,40 la hora de parquímetro.

Según algunos legisladores, las concesionarias tienen una ganancia total de “entre tres y cuatro millones de pesos por mes”. El negocio, que lleva más de veinte años en la Ciudad, beneficia a las firmas Dakota S.A. y B.R.D. SAICFI. Sbien sus dueños ejercen una política estalinista frente a sus empleados para que el jugoso contrato no trascienda a los medios, “Democracia” charló con varios de ellos para desenmascararlo.

La empresa SEC tiene dos importantes playones de remisión de autos: uno en avenida Garay y otro frente al Obelisco. “Acá en Garay –dice un agente– se acarrean por lo menos 50 autos por día”. La cifra parece asombrosa, pero no tanto luego de escuchar a otro empleado de la misma empresa, del playón subterráneo de la 9 de julio y Sarmiento: “Todos los días traemos más de 100 autos, siempre que no llueva; a veces más. Lo importante es que la gente los venga a buscar rápido, así tenemos lugar para traer más autos”.

Esa explicación impacta a Martín Cap, otra víctima de la grúa. “Vine de Caseros, dejé cinco minutos el auto en Sarmiento para retirar un piano eléctrico y se lo llevaron. Pensé que me lo habían robado y un policía me dijo que era la grúa”.

El joven no tiene los 190 pesos para retirar su coche; piano a cuestas, se va a tomar el colectivo 105 a Caseros. Con resignación y bronca, dice: “Prefiero que me dejen la boleta en el parabrisas y yo voy y la pago, pero no que me lleven el auto; esto no va, no es justo”. “Los indignados” Raúl Britos venía de Capilla del Monte (Córdoba) a visitar a su primo Carlos Alberto Longo, paciente de un cáncer fulminante.

Dejó el auto en la puerta del sanatorio La Trinidad, en Bartolomé Mitre entre Azcuénaga y Larrea, del barrio de Once, para entrar en terapia intensiva. “Estaba toda la cuadra estacionada y me sacaron justo el mío. Van a propósito a las puertas de las clínicas, porque saben que es alguien que baja de urgencia. Fui a la playa y pagué 440 pesos, 190 por acarreo y el resto de multa.

Decí que tenía la tarjeta de crédito… Era tardísimo, más de las once de la noche. Mi primo murió al día siguiente”. “No hay mayor escándalo que afecte al vecino de la Ciudad que este servicio de grúas”, opina enfurecido, con el “acta acuerdo” en la mano, el diputado de Diálogo por Buenos Aires, Eduardo Epstein. “Es un sistema que se ha hecho para recaudar.

Ellos teóricamente por contrato pagan 30.000 pesos de canon, pero lo van a empezar a pagar a partir que se les salde a ellos una deuda de mayores costos, costos que declaran pero que en ningún lado aparecen. Además, las empresas cobran por cantidad de autos que se llevan, y entonces quieren llevarse muchos autos en muy poco tiempo, por eso los levantan principalmente cerca de las playas que tienen asignadas.

Si uno se fija, va a ver que en Recoleta y en la avenida Corrientes, donde están los cines y los teatros, los llevan siempre. El tema es que las grúas no están para mejorar el tránsito complicado sino donde les conviene más. A mí mismo me pasó que me llevaron el auto”.Fuente:diarioshow.com

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