Las remedios para mezclar con alcohol se sacan de casa

Se juntan en una casa antes de salir a bailar, sirven vino, cerveza o sidra en una jarra, buscan alguna pastilla y la agregan al cóctel. No hace falta que un farmacéutico amigo les haya vendido medicamentos sin receta, sitios de Internet que los envíen a domicilio o kioscos que los vendan por unidad. Usan los que están al alcance de la mano, en el botiquín de casa, y los mezclan con alcohol. Los médicos dicen que no hacen este cóctel para matarse sino para ver cómo pega. Y pega mal: algunos terminan desmayados, con daños neurológicos irreversibles y otros, muertos, como dos jóvenes de 20 años que murieron en marzo en La Rioja después de haber mezclado alcohol con clonazepam y sildenafil (Viagra).

Clarín accedió al último relevamiento del servicio de Toxicología del Hospital Fernández, de intoxicaciones agudas atendidas en 2008: el 51% fueron por consumo abusivo de alcohol, el 10% de alcohol más medicamentos, el 9% por benzodiacepinas (psicotrópicos) y el 30% con drogas ilegales. La tendencia se repite en el Hospital Penna y en el Centro Nacional de Intoxicaciones del Hospital Posadas. Aquí, el ranking de los medicamentos del botiquín hogareños más usados por los jóvenes.

Benzodiacepinas: “Son las que más intoxicaciones agudas generan. Cuando preparan la llamada ‘jarra loca’ colocan entre dos y cuatro pastillas en una jarra con cerveza, vino o sidra. Al principio genera euforia, pero después, un estado de depresión y de sueño profundo. El clonazepan también produce cuadros de agresividad. No es el paco sino esta mezcla de clonazapan y alcohol lo que usualmente se consume antes de salir a robar”, dice Carlos Damin, jefe de Toxicología del Hospital Fernández y profesor de la UBA.

Aspirinas: “El PH de la sangre baja tanto que pueden aparecer alteraciones respiratorias y renales, además de las consecuencias directas sobre el aparato digestivo”, afirma Damin.

Medicamentos cardiológicos: “Bajan la presión y la frecuencia cardíaca. El paciente entra en shock porque disminuye la actividad del corazón. La sangre empieza a circular tan lentamente que no llega a oxigenar todo el organismo. Puede padecer desde un desmayo hasta el coma”, explica Mónica Nápoli, toxicóloga del Hospital Penna.

Antialérgicos: “Algunos tienen estimulantes como la efedrina y la pseudoefedrina. Al igual que las bebidas energizantes, retrasan la aparición de los síntomas de la borrachera”, dice Nápoli.

Hipoglucemiantes: “Disminuyen el valor de la glucosa en sangre. Mucho alcohol ya produce hipoglucemia: si encima se toma un hipoglucemiante, el cerebro se queda sin glucosa. Si la persona pasa muchas horas así le pueden quedar secuelas neurológicas: desde el estado vegetativo hasta la muerte”, explica Ana Paula Voitzuk, médica del Centro Nacional de Intoxicaciones del Posadas.

Sildenafil: su marca más conocida es Viagra. “Cuando toman mucho alcohol disminuye su rendimiento sexual. Poir eso toman sildenafil, lo que puede provocar desmayos y alteraciones del ritmo cardíaco”, explica Damin.

Antiparkinsonianos: “Son las ‘pastillas del abuelo’. Provocan sedación. Si se mezclan varias pastillas con alcohol puede producir daño neurológico y es potencialmente mortal”, advierte Nápoli.

A diferencia de lo que ocurre con las drogas ilegales, no hay un narco puertas hacia afuera a quien apuntar. “El consumo indiscriminado de medicamentos tiene el objeto de perder el control, no interesa el disfrute. La idea es probar cómo pega en el sistema nervioso -analiza Damin-. El problema es la subestimación de los medicamentos. En la Argentina se cree que todo se puede solucionar con un comprimido y esto está estimulado por la publicidad: el mensaje es ‘te duele la cabeza, tomate un analgésico; comé cualquier barbaridad y tomate 40 gotitas’. Esto se agrava porque se venden fraccionados, lo que está prohibido.

El policonsumo de remedios está instalado en nuestra cultura. “No existen medicamentos inocuos”, sigue Damin. La recomendación de mantener los remedios fuera del alcance de los niños ya no apunta sólo a intoxicaciones accidentales. Y concluye: “Son los padres quienes creen que pueden resolver todo con una pastilla. Ese chico consume porque es ésa la experiencia que mama en su casa”.

Fuente:clarín

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