Mala señal:volvió el trueque,como en el 2001

Este mecanismo que, en su época de apogeo logró que más de diez millones de personas de todo el país paliaran sus necesidades básicas y hasta intercambiaran bienes y servicios.

Durante una entrevista al programa de radio Primera Mano, Jorge Villar, ex presidente del Club del Trueque de La Matanza explicó que la falta de inserción en el circuito laboral y la escasez de recursos, son los motivos fundamentales que incentivaron la formación de estos espacios de intercambio.

“Poco después del 2001 había unas diez millones de personas que hacían trueque. Luego se produjo un amesetamiento y los clubes perdieron convocatoria. Pero debido a la “crisis caótica” que esta sufriendo la gente, sin recursos en estos momentos, los trueques están volviendo a tomar vigencia, y actualmente cuentan con más de dos millones de miembros en Buenos Aires”.

De esa manera, en la Red Global del Trueque (RGT), que fue el grupo que iniciara,  allá por 1995 los encuentros para intercambios, afirman que desde marzo de 2008 -cuando comenzara la pelea por las retenciones- las consultas “se dispararon”.

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El primer establecimiento de esta nueva oleada truequista se radicó en un galpón en Isidro Casanova, partido de La Matanza donde tiempo atrás funcionó una fábrica de muebles para oficina, pero cuando este comenzó a ser reconocido, empezaron también los problemas.
“Nos hicieron una nota para La Nación y ahí las autoridades no nos dejaron seguir mas en la fábrica”, explica Villar que asegura que “hay como una presión para que alguien genere un escenario para hacer el trueque. Una necesidad económica. Gente que en algún momento fueron anfitriones del Club del Trueque y quieren volver a serlo”.

También está creciendo la cantidad de asistentes a los clubes que ya existían como sucede en Lanús, donde funciona desde hace un tiempo un club del trueque en un antiguo boliche chamamecero, pero que ya están con la idea de conseguir una sede más grande o los clubes en Moreno y en Merlo que agrupan a una gran cantidad de gente.

El año pasado en La Matanza se llegaba a juntar hasta 200 personas, según recuerda Jorge Villar, pero antes de que los desalojaran superaban las 400 personas y “a veces llegan a 500”.

Sin embargo, la antigua modalidad, se aggiornó a los tiempos modernos la nueva tendencia es que los clubes sean más chicos, “a escala humana”, para evitar las estafas y fraudes con los “créditos” o papeles de intercambio.
“Se van desparramando”, confiesa Villar quien además recalca que “mucha gente trueca en su casa”.

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