Mandela, como Evo pero mejor

ImageShack«He dedicado toda mi vida a la lucha del pueblo africano. He luchado contra la dominación blanca y he luchado contra la dominación negra. Aspiro al ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Se trata de un ideal que espero ver realizado y vivir. Pero si tuviera que ser de otra forma, es un ideal por el cual estoy preparado para morir»

Estas son las palabras finales del alegato que pronunció frente al tribunal que lo condenó a prisión perpetua en 1964 junto a varios compañeros. Más adelante publico la vesión completa del texto.

Con absoluta honestidad y valentía, sin evasivas para evitar una condena segura, Nelson Mandela explicó por qué miembros del Congreso Nacional Africano -un movimiento de liberación basado en los principios de la no violencia de Gandhi- adoptaron la lucha armada como último recurso y recibieron entrenamiento militar en países comunistas.

Cuando salió de la cárcel 27 años después, Nelson Mandela no tenía mancha alguna en su corazón y seguía abrigando los mismos ideales de armonía e igualdad.

En su autobiografía “El largo camino hacia la libertad”, cuenta que « sabía que el opresor debe ser liberado al igual que el oprimido. Un hombre que despoja a otro de su libertad es un prisionero del odio y está atrapado detrás de los barrotes de sus prejuicios, ambos han sido privados de su humanidad. Cuando salí de la prisión sabía que esa era mi misión: liberar tanto a los oprimidos como a los opresores. »

Mandela fue electo Presidente de Sudáfrica en 1994. Para reconciliar a una nación dividida, puso en marcha el programa de Verdad y Reconciliación por el cual personas involucradas en torturas y crímenes políticos debían arrepentirse públicamente y pedir perdón, tanto por el apartheid así como, también, los propios miembros de los grupos de liberación. Quien no lo hiciera sería procesado penalmente. (Ver mis artículos Mandela es el Gandhi contemporáneo, Nelson Mandela: líderes sin frontera, entre otros)

Porque su objetivo siempre fue la paz y la democratización de Sudáfrica y no « la guerra revolucionaria ». Al llegar al poder en 1994 Mandela puso el acento en la verdad, la reconciliacion y la sanación de su país y no en la división. Este hombre nacido en 1918, premio Nobel de la Paz, ya es símbolo de integridad e integración, valores esenciales para la política de nuestro siglo.

Sudáfrica fue y aún es una nación lastimada por el autoritarismo y la violencia política, al igual que nosotros en Argentina. Por eso considero que es un espejo en el que podemos mirarnos para superar nuestros propios dolores profundos.

Al analizar su proceso de revisión del pasado, vemos que a Sudáfrica todavía le falta justicia: son pocos los militares procesados penalmente, aunque miles confesaron las atrocidades cometidas.

A nosotros, que avanzamos mucho más judicialmente, nos sigue faltando verdad. Hemos escuchado los lacerantes testimonios de las víctimas contando los horrores de un Estado que instauró el terror y el asesinato como sistema. Pero la mayoría de los integrantes de las organizaciones armadas que escaparon o sobrevivieron a la muerte, todavía no admitieron públicamente que su objetivo era la revolución y no la democracia.

Al alzarse en armas contra el gobierno constitucional de Juan e Isabel Perón, con enorme irresponsabilidad, condujeron a la muerte a miles de jóvenes y contribuyeron a sumergir al país en un genocidio sin precedentes.

Sobre esos muertos jóvenes hemos construido nuestra fe en la democracia. Pero la democracia plena necesita de justicia y la justicia no se alcanzará si no contamos toda la verdad.

La semana pasada, tras la condena a reclusión perpetua del ex general Luciano Benjamin Menéndez, el escritor y periodista Martín Caparrós, simpatizante de algunos grupos armados empezó a contar su verdad en el diario Crítica. Antes que él hubieron otras voces valientes y honestas pero que no tuvieron mucha difusión, como la de Oscar del Barco.

La década del ‘70 no fue gloriosa como muchos de sus simpatizantes quieren hacernos creer. Fue una década macabra signada por las peores caras del autoritarismo, la violencia y la impunidad, males que aún no hemos logrado desterrar de nuestra cultura política y social. Matar al prójimo nunca puede ser un ideal.

Fuente: www.estenssorome.com.ar

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