Matan a una chica en la Villa 31, gatillo fácil?

El suboficial, buzo de la Prefectura Naval Argentina, frenó con su auto ante un semáforo en rojo, a dos cuadras de la Villa 31 de Retiro. Era de noche. Cuando estaba por arrancar, dos chicas se le acercaron hasta la ventanilla, supuestamente para asaltarlo, según presumen los investigadores. El prefecto, identificado como Luis Luque, les disparó a quemarropa con su arma reglamentaria: mató a una de ellas de dos tiros en el pecho y la otra recibió una herida en un ojo. Estaba embarazada y, por el shock, perdió a su bebé. La vida del prefecto nunca corrió peligro porque las jóvenes no tenían un arma de fuego. Se sospecha que le apuntaron con dos palos atados a un caño que simulaban ser dos pistolas. La víctima, Mabel Guerra, tenía 17 años.

Según la versión de los familiares de las chicas y de algunos testigos, las víctimas no quisieron robarle. Denunciaron que fue un caso de gatillo fácil. Luque quedó detenido y fue separado de la fuerza en forma preventiva: está imputado por homicidio. Indignados por el crimen, los vecinos y familiares de la chica asesinada se enfrentaron a pedradas con efectivos de Prefectura: prendieron fuego neumáticos, quemaron una oficina, destrozaron un auto, cortaron la calle y hasta tiraron bombas molotov. Fueron reprimidos con gases lacrimógenos. Hubo cinco detenidos y 15 prefectos heridos, según fuentes policiales. Luque tiene 38 años. Quedó arrestado en una dependencia de la Policía Federal. “Me quisieron asaltar. Pensé que estaban armadas”, dijo a sus superiores. Cuando se encontró con las dos chicas, poco después de las 23 del miércoles, en la avenida Castillo y la calle 12, iba hacia su trabajo vestido de civil. Les disparó a quemarropa y después les avisó a sus jefes. Un vecino llamó al 911. Mabel Guerra llegó muerta al hospital. Su amiga, Gianina Lobos, de 21 años, quedó internada en el Hospital Fernández, fuera de peligro. Tiene una lesión en el ojo izquierdo, producto de un roce o una esquirla. Es madre de dos hijos.

“Mi hija no era una chorra. Encima que me la mataron, nos reprimen”, se quejó la madre de la chica, Roxana Guerra, con un hilo de voz, después de que durante la represión los prefectos la agarraran de los pelos. Los vecinos y los familiares de Mabel, alrededor de 50 personas, reclamaron justicia por su muerte. Cortaron la calle Ramón Castillo a la altura de la terminal 5 del Puerto de Buenos Aires, donde hay un puesto de Prefectura y un helipuerto. La Guardia de Infantería de la Policía Federal y Prefectura pusieron un vallado y reprimieron con gases lacrimógenos las piedras que les tiraban los manifestantes. La policía detuvo a cinco manifestantes (después fueron liberados por el juez federal Norberto Oyarbide) y 15 efectivos fueron lastimados, aunque sufrieron heridas leves.

“A medianoche, un prefecto que trabaja como buzo autónomo se dirigía a su trabajo en la Dársena F de Puerto Madero. Paró en un semáforo en la avenida Castillo, un lugar con poca iluminación. Fue abordado por dos chicas a cada lado del auto, que lo amenazaron, aparentemente, con armas de puño. El suboficial extrajo su arma y efectuó dos disparos. No sabemos si dio la voz de alto”, dijo el prefecto general Juan Alfredo Rempel. Pero los investigadores desmintieron esa versión oficial porque comprobaron que las chicas no estaban armadas.

“No estaban robando; caminaban cuando el suboficial se bajó de su Fiat Palio, tiró a matar y huyó”, aseguró una hermana de Mabel.

“El prefecto pensó que las dos chicas tenían un arma, aunque en realidad llevaban dos palos de madera pegados con cinta adhesiva a un caño pintado de negro. No eran armas tumberas porque no disparaban. Simulaban ser pistolas. El hombre pensó que su vida corría peligro. Estaba oscuro. Sacó su arma y disparó. Se le fue la mano. Pudo haber sido un exceso de legítima defensa”, dijo una fuente de la Policía Federal Argentina.

El suboficial quedó detenido a disposición de la jueza de instrucción Fabiana Emma Palmaghini. Quedó imputado por homicidio y tentativa de homicidio. Su situación procesal dependerá de lo que entienda la Justicia. De acuerdo con la investigación, disparó pese a que su vida no corría peligro. Por eso no hubo legítima defensa. “Ni siquiera hubo exceso en la defensa, porque las chicas no estaban armadas. Nunca tuvieron el dominio del hecho”, dijo una fuente de la investigación.

“Absolutamente fue un caso de gatillo fácil. La pena máxima que corresponde en estos delitos es la de cadena perpetua”, dijo la titular de Correpi (Coordinadora contra la Represión Policial), María del Carmen Verdú.

“Cuando me avisaron, salí corriendo, y mi hermana estaba tirada en el piso toda llena de sangre. Le tiraron a matar. Les grité a los canas que estaban ahí ‘ustedes la mataron, ustedes la mataron’. Se quedaron mudos y no me dijeron nada. Mi sueño es irme de la villa”, dijo una hermana de la víctima.

Cuando se enteraron del crimen, los vecinos y los familiares de las chicas les pidieron a los policías que les mostraran las “armas” de las jóvenes. Pero nadie se las mostró. “En mi casa no había ningún fierro tumbero”, dijo la madre de la chica.

Un delegado de la Villa 31 se quejó porque los investigadores criminalizaron a las chicas: “En el lugar no se encontró nada. Fue un caso de gatillo fácil. A los chicos se los tildan de drogadictos y la semana pasada un prefecto le rompió el tabique a un pibe. Los padres no tiene recursos para contratar abogados y queda todo en la nada. Es más fácil acusar a un chico pobre que a un suboficial”.

Fuente:criticadigital.com

Comparti en tus redes
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Pin on Pinterest
Pinterest
Email this to someone
email

Sin Comentarios

No hay comentarios

¿Le gustó este artículo? ¡Su opinión puede ser util para otros!

Deja un Comentario